Saturday, May 13, 2017

Su padre la violó repetidamente y, cuando quedó embarazada, le practicó un aborto casero.

Texto redactado a partir del artículo publicado en LifeNews




Se ha denunciado durante años cómo el aborto se utiliza en las formas más horrendas contra mujeres víctimas de violación.  Las clínicas de aborto generalmente miran hacia otro lado y sacan provecho de abortos realizados a jóvenes, víctimas de violencia sexual que muchas veces no denuncian la violación a las autoridades o lo hacen con demora,  dificultando los esfuerzos de la policía para procesar al violador.

Un caso en Inglaterra muestra cómo el aborto es el mejor aliado del violador y sirve para cubrir sus huellas y ocultar la evidencia más clara de la violación: un bebé.

Hollie Davey, de Essex, se crió en una familia de adopción. En el año 2001, a  los 13 años, quiso conocer a su padre biológico puesto que su madre biológica ya había muerto. Empezó su búsqueda  y consiguió encontrarlo.

“Cuando llegué a su casa -relata Hollie- un hombre de pelo gris abrió la puerta y me preguntó si me podía ayudar. Le dije que yo era su hija y aunque parecía sorprendido, él me estrechó  con un abrazo. Dijo que había estado esperando el momento en que me conociera”.

Éste le pidió que se fuera a vivir con él y allí comenzó  su pesadilla. Empezó a ser abusada sexualmente de forma reiterada por su padre que la obligaba a vestirse de novia y quedó embarazada dos veces. La primera vez, su padre le hizo un aborto casero que fue horrible para ambos: Hollie y su bebé. La segunda vez que Hollie quedó embarazada, se quedó con el bebé, diciendo que el niño era suyo a pesar de que hubiera sido concebido en  esas terribles circunstancias.

Hollie Davey que tiene ahora 28 años y es madre de tres hijas de corta edad, ha relatado  por primera vez su terrible experiencia tras el encarcelamiento de su padre en 2013 y afirma  que nunca superará lo que le hizo al haberle robado su niñez.


Según cuenta su padre visitaba su  habitación todas las noches para acosarla sexualmente.  "Él me llamaba su 'chica especial' y yo me quedaba como muerta en la cama, deseando  que eso no estuviera pasando".

Davey siguió violando a su hija durante meses y finalmente ella quedó embarazada.  Desesperado, la obligó a tomar una botella de ginebra y luego le hizo un aborto casero con una aguja para tejer.
Hollie explica: "Recuerdo que la sangre corría por mis piernas y debió de  asustar a mi papá porque me llevó al hospital. Quise contarle a las enfermeras: ‘Mi padre me hizo esto’, pero estaba aterrada de pensar  las consecuencias. Sí que pensé que esto lo asustaría para que dejara de violarme pero me equivoqué”.

A los 15 años, la muchacha quedó embarazada por segunda vez, pero en esta ocasión se lo ocultó a su padre.

Ella explica cómo razonó : "Aunque el bebé había sido creado por un monstruo, era mi bebé".
Entonces, una noche, cuando su papá estaba dormido, Hollie se percató  de que la puerta estaba sin llave y escapó: "Me di cuenta de que, finalmente, era libre".

Meses después dio a luz a su hijo pero los servicios sociales se lo llevaron.

Culpó a su padre y tomó la decisión de  no dejar que destruyera más  su vida. Comenzó la universidad y alquiló  su propio piso.

Pero un día se percató de que su padre seguía libre y rondando por ahí y podía abusar de otros niños así que contactó con un abogado y fue a la policía.

En julio de 2013, Paul Davey, entonces de 63 años, declaró en el Tribunal Penal de Ipswich y se declaró culpable de violación, asalto indecente y un intento de procurar un aborto involuntario.

Fue declarado culpable de todos los cargos y condenado a 16 años de cárcel. 

Saturday, May 6, 2017

Nací con 26 semanas de gestación. El médico abortista quiso acabar con mi vida pero algo impresionante sucedió.

por Sarah Zagorski

Ésta es una historia que no quisiera contar. Me gustaría borrarla de mi memoria para siempre. Sin embargo, entiendo que debo contarla porque es la verdad y la verdad, hoy en día, resulta impopular.


 No fui planeada ni tampoco querida. Mi madre biológica tenía un hermoso corazón pero sufría de esquizofrenia y desorden bipolar. Cuando quedó embarazada de mí ya tenía siete hijos y vivía en condiciones miserables. No estaba preparada para recibir a otro retoño. La situación en la que se encontraba era enormemente complicada. No era blanco o negro. Para empeorar todavía más las cosas, mi padre biológico no me quería para nada. Era médico y tenía su propia familia. Le aconsejó a mi madre que abortara. Ante aquel panorama, ¿no era lo más sensato? Para nuestra sociedad pro abortista, sería el camino correcto. Veamos porqué.

Si se me hubiera permitido nacer habría sufrido mucho: pobreza, abandono y abusos de todo tipo. Mi vida sería una auténtica tragedia. ¿Cómo puede alguien permitir una vida así? Seamos honestos: nadie quiere a un hijo con un historial así. Mi futuro resultaba desolador.

A mis 25 años, cuando vuelvo la vista atrás, puedo afirmar que algo hay de verdad en todo este panorama que he descrito. Pero estoy aquí y la historia que voy a contar es una historia de esperanza.

El embarazo de mi madre fue difícil, física y emocionalmente. Resultó muy duro cuando se planteó el tema del aborto. En el pasado ella ya había sufrido algún aborto y lo lamentaba profundamente. Se encontraba, pues, en un momento que muchas mujeres experimentan: una sensación de miedo y confusión. Decidió acudir a un abortista porque sabía que se trataba de un médico barato y que podía ayudarla. A día de hoy todavía no sé si buscaba un aborto o, simplemente, ayuda médica; pero lo que sí tengo claro es que el abortista no tenía la intención de dejarme vivir.

El médico provocó el parto a los 6 meses y medio de gestación (26 semanas). No respiraba y le dijo a mi madre que, si sobrevivía, sería como un vegetal, incapaz de llevar una vida normal. Le aconsejó que lo mejor sería dejarme morir. Mi vida estaba en sus manos y él pensaba que tenía el derecho de decidir mi futuro.

Pero mi madre dijo: "no". Cuando me vio no pudo permitir que se me dejara morir. Reclamó inmediata asistencia y fui conducida a una zona de nacimientos traumáticos en Nueva Orleans, donde estuve hospitalizada hasta que tuve la fuerza necesaria para ir a casa. Sin embargo, aquello fue sólo el inicio de un camino tortuoso.

Llevaba poco tiempo en casa cuando el Departamento de Infancia y Familia empezó a investigar a mi familia. Trabajadores sociales se personaron para encontrar despensas vacías, mobiliario roto y padres ausentes. A causa de la deplorable situación del hogar, mi madre perdió la custodia de sus hijos más pequeños y fuimos introducidos en un programa de acogida.

Tenía año y medio cuando fui adoptada por Ron y Robbie Jones. La pareja no tenía hijos y deseaban ardientemente ser padres. Aunque yo no estaba diagnosticada como enferma mental, los asistentes sociales advirtieron a mis nuevos padres que tal situación podría suceder debido a mi historial clínico. Les dijeron que recibían mi custodia para seis u ocho  meses pero que, en cualquier momento, la madre podía reclamar sus derechos si cambian las condiciones. No les importó. Ellos me querían. Yo no podía imaginarlo entonces, pero ese matrimonio salvó mi vida.

Un parto prematuro, extrema negligencia paterna, una infancia nada alentadora, hasta el punto de poder contraer tuberculosis… Sin tratamiento todo esto habría resultado fatal. Afortunadamente, mis padres adoptivos me dieron un amor inmenso y me atendieron en todas mis necesidades. Gracias a ellos, escapé una vez más a la muerte y Dios permitió que pudiera vivir con los Jones más tiempo del esperado.

Pero con la mejora de la salud vino también la llamada que ellos más temían. Tuve que regresar a mi familia biológica. Aunque mis padres de acogida se habían preocupado enormemente por mi persona yo me sentía dichosa. Los niños siempre aman a sus padres biológicos, incluso cuando la situación pueda ser dolorosa. Tristemente, aunque yo amaba profundamente a mi familia, aquellos fueron los días más oscuros de mi vida.


 En mi casa escaseaba la comida. Me consideraba afortunada de conseguir algún bocado de cualquier cosa. Como sólo tenía cuatro años, mis hermanos mayores eran más rápidos y fuertes que yo, así que siempre se quedaban con lo mejor. A lo sumo, conseguía algún pedazo de comida, me escondía en el lavabo con mis hermanos más pequeños y allí comíamos como podíamos. Incluso si la comida estaba sucia o infectado por insectos nos la comíamos: tal era  la hambruna que pasábamos.

Sobrevivir en aquella casa era todo un desafío. Pasé la mayor parte de mis días en una habitación que más parecía un garaje lúgubre y oscuro. Todavía puedo sentir el suelo helado pegado a mi espalda y el hedor a orina que llenaba todo el ambiente. Aquella habitación resultó mi mayor pesadilla durante los diez años que viví en ese hogar. Se convirtió en una sala de tortura donde mis abusadores disfrutaban viendo como era capaz de resistir sin dormir, me golpeaban y me ataban a la pared. Me escondía y cuando no podía trataba de olvidar esas pesadillas lo antes posible.

Mis mejores amigos fueron unos juguetes que traje de la casa de mis padres adoptivos pero mis hermanos mayores tampoco quisieron respetarlos.

Si dije que la mía era una historia de esperanza, entonces, ¿por qué comparto estos detalles incómodos y bulliciosos? Porque la industria abortista se enriquece a costa de familias como la mía; venden una mentira a mujeres que sufren asegurándoles que matar a sus hijos será mucho mejor que regalarles un doloroso futuro.

Muchas veces hemos oído repetir: “¿Es cada hijo un hijo deseado?”. La verdad que esconde esta pregunta es que cualquier niño no deseado, y yo claramente lo era, debería ser eliminado. No hay lugar para la esperanza, el cambio o la determinación.

Sin lugar a dudas, yo no sólo no era deseada sino que mi madre tampoco podía hacerse cargo de mí. Éste es un hecho que no puedo eludir. El hambre, el abuso y la falta de atención, no eran realidades abstractas en mi persona o en mi familia. Eran muy reales y han debido pasar muchos años para recuperarme de las secuelas sufridas, aunque esas circunstancias fueron pasajeras.

Hay un grave error en la ideología pro abortista: Sean cuales sean las circunstancias, jugar a ser Dios con la vida de una persona nunca debería ser una opción. Nunca deberíamos cerrar la puerta a nadie a pesar de una situación del todo desafortunada.

Finalmente, regresé a mi hogar de acogida con Ron y Bobbie. Después de un forcejeo entre mis padres biológicos y los adoptivos, me vi sentada a la tierna edad de 9 años en un banquillo del juzgado, donde habría de determinarse mi custodia legal. El juez me formuló la pregunta capital: “¿Con quién preferirías vivir?”. No lo dudé un solo instante y apuntó en dirección a la familia Jones. Después de 7 años y medio los derechos parentales de mi madre cesaron y aquel matrimonio encantador se hizo cargo de mi persona al igual que lo habían hecho años atrás, cuando contaba con solo 16 meses. Se comprometieron a ser mis padres para siempre y me enorgullezco hoy de llamarles papá y mamá.

Dios obró un milagro a través de Ron y Bobbie. Ellos me regalaron una hermosa familia, la oportunidad de sanar el dolor del pasado, una fe cristiana, una educación y un futuro lleno de esperanza. Aunque no haya sido un camino de rosas, me siento afortunada por haber tenido una vida preciosa. Me casé en el año 2011 y me gradué al año siguiente. Me siento muy cercana a mi familia adoptiva y también a algunos de mis hermanos. Desafortunadamente, mi madre biológica falleció el 2012, pero antes de su defunción conseguimos establecer una relación amistosa.

Si la lógica abortista hubiera triunfado, no habría lugar para la esperanza. Si mi madre biológica hubiera permitido que aquel doctor abortista acabara con mi vida, hoy no tendría futuro alguno.

Yo no fui querida, pero esto ya quedó atrás. Hoy, no sólo me siento querida sino profundamente afortunada por poder disfrutar cada segundo de mi vida.


Agradecimientos a Benjamin Clapper, Director Ejecutivo de Derecho a Vivir de Lusiana, Louisiana Right to Life’s,  por haber editado mi testimonio y haberme animado a contarlo.


Sarah Zagorski Jones escribió este testimonio para lifenews y nos ha dado su permiso para publicarlo en salvar el 1 (save the 1) y compartirlo.

Saturday, April 29, 2017

Aunque fui concebida en un adulterio, no soy un accidente.

 Por Lori Sealy

Soy adoptada y hace unos cuantos  años tuve la dicha de conocer la historia de mi madre biológica.

Llegué a este mundo con unas  circunstancias que eran todo menos 'ideales'. Mi madre biológica  tocaba instrumentos musicales y tuvo una relación sentimental con un hombre casado que tenía seis hijos.

No habían planeado que mi mamá quedara embarazada pero ocurrió y se asustaron mucho. Pensaron que la mejor decisión para todos era que ella abortara. Para ellos terminar con el embarazo era mejor opción que terminar con el matrimonio de mi padre biológico  y era preferible  romper el corazón  de un niño que aún  no había nacido y al que no conocían  que los corazones de seis niños.

Juntos fueron a la clínica abortista, entraron, se registraron, se sentaron, y esperaron...y esperaron...y esperaron. Esperaron durante una hora, pero nadie apareció.

Lo que ocurrió fue que, por un error de la recepcionista, se saltaron en la lista el nombre de mi madre biológica así que, en vez de llamarla a ella, llamaron a la siguiente en la lista.

El error de la secretaria fue sólo una de las piezas de un rompecabezas providencial que  ayudó a asegurar que seguiera existiendo fuera del vientre de mi madre. Otra de las piezas de esa providencia fue que, durante su embarazo, se acordó de una lección que un día escuchó en una escuela dominical en la que había estado. El recuerdo tenía  más de dos décadas. Era la lección sobre los Diez Mandamientos, una lección que ella había oído  por casualidad cuando  visitó a una tía que vivía  en otro pueblo. Otra casualidad fue que su tía la llevase a la iglesia, algo que su familia raramente hacía.

Mientra ella se sentaba en una silla fría de metal en ese oscuro y sucio cuarto de espera, las palabras “No matarás” le pasaron por la conciencia como un trueno y advirtió que lo que iba a hacer era matar. Se volvió hacia mi padre biológico y le dijo que aunque dar a luz a ese hijo fuera difícil y traumático, ella no podía abortar, y encontría una manera de llevarme en su vientre hasta que diera a luz.

Llegaron juntos a esa clínica pero mi madre salió sola.


Pasó los siguientes siete meses sola, escondida en una cabaña de cacería que tenía un solo cuarto. Esta cabaña estaba  en un bosque en Sumter, Carolina del Sur. Ella se aisló de todas las personas  que la conocían para no tener que lidiar con la vergüenza y los comentarios  por seguir adelante con ese embarazo a pesar de las circunstancias de su concepción. Su sacrificio enorme hizo posible que yo ahora yo esté aquí.

Ella no escogió el camino más cómodo y fácil sino que invirtió radicalmente el rumbo de su vida y se persuadió  de  que la niña que llevaba en su vientre no debía morir a consecuencia de sus 'acrobacias' en un adulterio. 

Cuando reflexiono sobre la historia de mi vida y las circunstancias en las que fui concebida me doy cuenta de cuán cerca de la muerte estuve en la clínica  de abortos. Allí otra persona, una pequeña niña o un pequeño niño murió ese día en mi lugar cuando llamaron a su madre en el lugar de a la mía. Pienso en el matrimonio que fue destrozado por mi nacimiento; mis hermanos que sufrieron por la infidelidad de mi padre; el temor que mi madre sentía cuando se refugió en la pequeña cabaña y las consecuencias que, a largo plazo, sufrió mi madre por el sacrificio de dejarme nacer. Cuando pienso en todas estas cosas, me sorprende mucho. A mi madre le costó mucho llevar hasta el final el embarazo y muchos de sus sueños murieron. Pero ella sacrificó sus sueños para darle vida a mis sueños...

Con frecuencia me pregunto: ¿Por qué estoy aquí? ¿Debería estar aquí?

Podría mirar mi vida y decir: “Sólo soy un accidente. Ni siquiera debería existir. No soy más que un error"...

En esos momentos en los que la duda y la culpa surgen sobre los oscuros detalles de la historia de mi concepción, es cuando siento el peso de la carga de mi nacimiento puesto sobre las espaldas de otros; ahí es cuando emergen mis pensamientos más profundos y escondidos y la verdad de Dios me es revelada y me dice porqué estoy aquí. Estoy aquí por la Voluntad  de Dios aunque pueda parecer que surgiera del caos.


La palabra de Dios me enseña que no estoy aquí por accidente sino que estoy aquí -independientemente de las circunstancias que me trajeron a este mundo- porque Dios me quería aquí. La palabra de Dios me dice que a pesar del pecado sexual de mis padres biológicos, Dios soberanamente “formó mis partes interiores y me unió en el vientre de mi madre". Él me dice que yo estoy “formada maravillosamente”.

Algunos años atrás, recibí una carta de mi madre biológica -la mujer que sacrificó tanto por mí. Ella me escribió para contarme que piensa que no estoy viva por accidente sino que yo existo por voluntad divina y que a pesar de todo lo que sufrió, no cambiaría nada si pudiera echar marcha atrás.

Decía en su carta:
 “Lori, Dios te hizo con un propósito. Tú no eres un accidente o una idea tardía, tu no estás en la tierra ‘solo porque sí' y tampoco eres simplemente un acto de creatividad de Dios sin orden ni concierto. Tu fuistes planeada por el Creador del Universo, aunque no fuistes planeada por mí. A ti, Dios te tenía en su mente mucho antes de que nacieras y te  esperaba con alegría. ¡Yo también lo hice!

Yo ahora me dirijo a todas esas mujeres que esperan un hijo y no disfrutan de las mejores circunstancias o a todas las que sufren como consecuencia de una gestación no planeada:

 Amigos y amigas, no conozco sus historias, pero lo que sí sé es que no importa tu situación de hoy, afrontando un embarazo no planeado, luchando  contra las consecuencias de un aborto, tratando de descifrar los detalles de un nacimiento que llegó de un adulterio, o de una  violación, o de otro hecho horrendo, Toda vida tiene valor y propósito desde el vientre hasta las tumba.



Yo no soy un accidente, y tú no lo eres tampocoSeguramente la pequeña vida que se está creando dentro de ti tampoco es accidente. No importa cómo sean tus circunstancias en este momento. Quiero que tú sepas que hay un Salvador que te perdona todos tus pecados en este mismo momento. Hay un gran Dios que es bueno y un Salvador que coge las cosas malas y las hace hermosas; hay un Dios que toma las situaciones más horrorosas y los hace maravillosas; un Dios que coge las historias más tristes y crea las canciones más dulces.

Él ha hecho eso por mi mamá biológica y por mí, y yo rezo para que a través de mi historia  puedas encontrar un poco de esperanza y ayuda en Él.

Biografía: Lori Sealy vive en Carolina del Norte con su esposo y sus dos hijos. Es pianista, guitarrista, cantautora, oradora, líder de adoración y bloguera pro-vida para Salvar el 1 (Save The 1). Ella comparte, también,  sus experiencias de crianza de su hijo con Autismo y su testimonio de fe, de cómo pasó de ser atea a cristiana. Su dirección de internet es www.lorisealy.com.







Saturday, April 22, 2017

Me vendieron a cientos de hombres para realizar servicios sexuales y me quedé embarazada.

Por Darlene Pawlik

Estuve atrapada en la industria del tráfico sexual desde los 14 a los 17 años. El tráfico de blancas no es como cualquier industria regulada. Es anarquía absoluta. No hay reglas.


Me concibieron en una violación brutal y me enteré de ello cuando era muy pequeña. El conocimiento de este hecho y el abuso sexual infantil del que fui víctima por parte de mi propio padre y, más tarde, por un tío materno me hicieron sentir que no valía nada y  era una niña muy vulnerable.

 Tenía 12 años cuando mi madre se divorció por segunda  vez. Desde los trece años, había estado metida en drogas y alcohol, vagando por el vecindario y saliendo con un fisicoculturista que conducía un Cadillac negro. Me cortejó y fue muy paciente mientras me manipulaba para meterme en su cama.

Yo me sometía a ese tráfico sexual por miedo, no porque me encerraran o amenazaran. No tenía esperanzas de que las autoridades me ayudasen. Un apartamento en el que me alojé fue alquilado al candidato a sheriff de esa pequeña ciudad. Algunos de mis clientes eran hombres de negocios, un concejal de la ciudad, profesionales, así como amantes de la violencia y mal.

Él me vendió por primera vez el día que cumplí 14 años. Me paré en tres pulgadas de lodo congelado, con los tenis llenos de agua helada, tiritando delante de una farmacia local al final de la calle donde vivíamos esperando a que me recogiera. El comprador estaba encantado de saber que yo era tan joven, inexperta y miedosa.

El proxeneta me vendió por sexo cientos de veces. Luego me vendió a otro hombre que, a su vez, me vendió por sexo también. Era un círculo vicioso de abusos, violación en grupo, intento de suicidio, insomnio, acurrucarme en puertas y escalinatas de iglesias, drogas, alcohol, arrestos y huir de nuevo.



 A los diecisiete años, me vendieron a un hombre como una "mascota". Pensé que estaría más segura, al menos tendría que servirle solo a él. Me vestía bien y me llevaba a cenas agradables. Obtuve un trabajo y finalmente sentí un poco de estabilidad, era casi normal.

Me había dicho que si me embarazada tendría que abortar. Me asustó, pero no sentí que tuviera elección.

Después de cuatro meses, quedé embarazada. Mientras golpeaba su puño en el brazo de madera del sofá, me gritó: "¡No quiero vida!". Era aterrador - su voz se disparó a través de mí. El hombre era un jefe del crimen organizado. Dijo que me haría un aborto o me mataría y yo sabía que esto era cierto. Uno de sus agentes había sido mi traficante y me había golpeado y violado en numerosas ocasiones. Concerté la cita para abortar en su presencia.

Esa noche alcé las manos al cielo mientras lloraba y rezaba: “¡Dios, si eres real, por favor ayúdame!". De alguna manera, me quedé dormida y soñé con un aborto con todo detalle  desde la perspectiva del interior de la matriz. No tenía conocimiento del aborto en ese momento, pero ahora sé que era preciso por el nivel de desarrollo gestacional en gran detalle. Esas pequeñas manos y pies, ese rostro diminuto, las costillas y la sangre... ¡Era horripilante! Yo siempre había querido ser mamá desde que tenía uso de razón.

Cuando desperté, llamé a todos los que se me ocurría que me podrían ayudar. Busqué entre las tarjetas de presentación que la gente me había entregado en algún momento y di con una trabajadora social que había tratado de ayudarme una de las veces que me fugué. Ella me encontró un hogar para chicas embarazadas al que me llevaría. Algunos amigos llevarían mis cosas a una bodega. Pero, ¿cómo me iría? Mi captor insistió en salir a cenar después de la cita para el aborto.

Así que llegó el día. Me fui e hice arreglos con la trabajadora social, pero volví y me preparé para la cena. Estaba tan asustada que estaba llorando y casi histérica todo el día. Con mi cara hinchada, ojos inyectados en sangre, temblores y respiraciones superficiales, entré en el coche. Estaba muy intranquila - mi respiración lo delataba. Tartamudeé cuando le dije que me quería ir a vivir con una prima que me daría trabajo.

"Algo me pasó en esa mesa", le dije, "ya no quiero estar aquí". Pensé que él lo entendería porque me había platicado de otras chicas a las que había obligado a abortar y las había dejado ir. Toda la noche estuve muy nerviosa, no podía quedarme quieta porque tenía mucho miedo de que me descubriera. Fui al baño con frecuencia y lloré durante toda la cena, fingiendo náuseas y dolor. De camino a casa, me dijo que podía irme, pero si volvía a la ciudad, tendría que encontrarlo.

Salí de su casa rápidamente al día siguiente. Le prometí a Dios que formaría a mis hijos en el temor y admonición del Señor si mi bebé nacía bien. Ella era perfecta, y yo cumplí mi promesa. La gente que me conoce hoy, no puede comprender como pude haber vivido una vida así. Y yo les explico: Salvar a mi bebé me salvó la vida.



BIO: Darlene Pawlik está casada desde hace 24 años y es madre de cinco hijos. Es también autora, enfermera, pertenece al  Fondo para la Educación de New Hampshire Derecho a la Vida, es miembro del Consejo Ejecutivo de la Alianza Personhood, Vicepresidente de Save The 1 (Salvar El 1) y oradora y bloggera pro-vida para Save The 1.

Saturday, April 8, 2017

Tenía 14 años y había ido a hacer un trabajo con unos compañeros de clase. Ellos me golpearon y violaron.

Por Anahi Retsar, Argentina.

Pasaron unas semanas y me di cuenta de que había quedado embarazada. Entonces pensé que por algo había pasado por aquel horrendo acto de violación y entendí que de un hecho abominable también  puede salir algo realmente hermoso como un hijo.

Anahi con sus hijos y un sobrino. 
Catrial es el muchacho de la camiseta roja.

Mis papás no lo tomaron mal pero me dijeron que era mi hijo y que de él me tenía que responsabilizar yo aunque me ayudarían a cuidar de él. Fue para mí un gran alivio. De la violación no me había quedado trauma porque sólo había sido un momento. Entonces, me sentí feliz porque vi como del acto vil salía algo realmente hermoso.

Catrial y su abuela, la madre de Anahi.

Nunca se me hubiera pasado por la cabeza matar a ese niño porque ser violada y ser una asesina y encima echarle la culpa a alguien que no la tiene, son cosas diferentes. El hijo no tiene la culpa de la mala acción de su progenitor y no tiene que pagar por su crimen.

Por suerte, cuando nació mi hijo, conseguí trabajo rápido. Tenía que hacerlo para poder mantenerlo  porque soy de una familia humilde. 

Ahora tengo 29 años,  estoy casada y tengo en total cuatro hijos, dos de ellos adoptados y otro bebé en trámites de adopción, también.  La verdad es que he descubierto  que todo lo malo que pasa tiene su parte buena.

 Anahi con la bebé que quieren adoptar ella y su marido.

A mi hijo concebido tras la violación que se llama Catrial,  le dije a los 12 años que el papá que vivía con él  no era su papá biológico y que había sido concebido en una violación y me respondió  que lo único que le importa es que yo siempre lo amé y cuidé y que considera que su único papá es Martín (es mi marido) porque él fue quien siempre lo amó y lo cuidó y que no le importaba como había sido concebido lo único que le importaba es que nosotros lo amamos. La felicidad que te dan esas palabras no se puede igualar.


Si tuviese que aconsejar a una muchacha que estuviese en mi misma situación, le diría que no mate a su hijo porque es la única persona que la va a amar por el simple hecho de que seas su mamá y que no es quien para matarlo. Si no lo quieren, que lo den en adopción pero que no comentan algo mucho peor que una violación que es el asesinato de un niño.

BIO. Anahi contactó con Salvar El 1 (Save The 1) para contarnos su testimonio. Espera que su historia pueda ayudar a muchas mujeres que pasen por una situación semejante. Vive en Buenos Aires, Argentina, está casada y es madre de 4 hijos, dos biológicos y dos adoptados. Ahora está tramitando la adopción de una niña.

Saturday, April 1, 2017

En Planned Parenthood solo hay anticoncepción y aborto

Ramona Treviño Ex Directora de Planned Parenthood en Sherman, Texas.
Por Mariana Schroeder


Ramona Treviño creció siendo católica y pro vida. Al quedar embarazada a los 16 años escogió la vida para su bebé que ahora es una hermosa jovencita con muchísimas cualidades.

Madre ahora de 5 niños nunca se imaginó que detrás de Planned Parenhood lo único que encontraría sería anticoncepción y aborto. Ella realmente creía en poder ayudar a las mujeres en necesidad y confiaba en que esta institución apoyaba a la mujer integralmente, como una clínica con servicio ginecológico; pero la realidad era muy diferente.

Una amiga la recomendó para la dirección de la oficina de Planned Parenthood en Sherman, Texas y la idea le pareció cautivadora. La necesidad del trabajo, junto con el poder hacer algo por las mujeres texanas, le pareció la combinación perfecta, así que acepto. Además, el trabajo se acopló perfectamente a sus necesidades pues era bien remunerado y solo 3 veces a la semana lo cual compaginaba muy bien con su rol de madre.

A pesar de ser pro-vida y no estar de acuerdo en el uso de anticonceptivos al aceptar este trabajo tomo una actitud de “cada quien su vida”. Sentía que al expresar abiertamente el ser pro-vida estaba juzgando a sus clientes. Pero con ese pensamiento se auto engañaba y trataba de calmar su conciencia diciendo: “Es mejor que estas jovencitas tomen anticonceptivos a que aborten, o que tengan un bebé del que no se harán cargo”. Pero la situación cambio al darse cuenta de que a pesar de que no se realizaban abortos en la clínica a su cargo, ella tenía que referir y proveer información de donde realizarse uno.

Sus esfuerzos por salvar vidas al referir a las mujeres buscando aborto al centro de ayuda para la mujer de Sherman fueron frenados por sus superiores al enterarse de lo que estaba haciendo.

Todo esto hacia que sus sentimientos de culpa crecieran cada día más, pero no se sentía capaz de renunciar. Sentía que, a pesar de todo, estaba ayudando a algunas mujeres y estaba preocupada de, en caso de renunciar, el bienestar económico de su familia.

Poco a poco se fue dando cuenta de que detrás del slogan de ayudar a la mujer se escondía un negocio multimillonario, no escatimaban en pedirle que incrementara su clientela y los servicios que vendía su clínica: anticoncepción y aborto para otras clínica de la empresa; pero donde no existían ni mamografías ni ningún otro tipo de servicio de salud para la mujer.

Su desasosiego llego al límite cuando Lila Rose publicó los videos en los que Planned Parenthood no solo no daba parte a la policía sino también encubría y daba consejos a los tratantes y abusadores de menores. Ramona creyó que estos videos eran fabricados, que PP jamás podría estar detrás de algo tan bajo y vil. Su sorpresa y desilusión fue enorme al ser requerida a asistir a una junta para recibir entrenamiento respecto a estos videos. Al llegar a dicha junta comenzaron a mostrar los videos y a hablar de cómo detectar cuando están siendo grabados tanto en persona como por teléfono y la forma de contestar preguntas de manera no comprometedora. Ramona se atrevió a levantar la mano y preguntar cuando se tocaría el punto de cómo entrenar a sus empleadas para detectar si se está frente un caso de violación o tráfico de personas a lo cual le contestaron tajantemente que ese no era el tema a tratar en la junta. Sintió tanta repugnancia que le costó contenerse y recuerda que en ese momento supo que tenía que buscar otro trabajo, que no podía seguir trabajando para PP.

Dios fue guiándola poco a poco. Gracias a la Radio Católica  ETWN escuchó el testimonio de Abby Johnson, exdirectora de Planned Parenthood en Bryan Texas. Se sintió completamente identificada con ella ya que Abby también es católica y había sentido la presión de no poder dejar el trabajo debido a la remuneración económica, pero había descubierto el verdadero propósito de su exempleador, la empresa más grande de aborto en el mundo entero.

Sin embargo Ramona no dio su brazo a torcer hasta un poco más adelante, cuando hubo algo que le dio la fuerza y paz interior para renunciar. Una campaña que comenzó en Bryan, Texas y ayudó de igual manera a Abby Johnson y ahora llegaría hasta las puertas de su clínica en Sherman: 40 días por la vida. Una campaña de oración, ayuno y vigilia pacifica por el fin del aborto, esta se lleva acabo 2 veces al año, durante la cuaresma y en el otoño.


Ramona, como muchas otras personas que trabajan en la industria del aborto, más que apoyo económico lo que necesitaba era apoyo espiritual. Con motivo de la cuaresma decidió acercarse más a la iglesia y comenzar a rezar el rosario. Una noche después del trabajo tuvo la valentía de acercarse a las personas orando afuera de su clínica como parte de la campaña de 40 días, tenía miedo de enfrentarse a reclamos u ofensas, pero no solo tuvo oportunidad de pedirles oración, sino que también se dio la “Dioscidencia” de que le regalaron el libro de Abby “Unplanned” y pudo conocer más a fondo su historia.

Terminó la cuaresma y con ella la campaña de 40 días por la vida. Ramona seguía posponiendo su renuncia, tenía miedo, le faltaba valor. Este valor llego el Domingo 1 de Mayo del 2011, en que la Iglesia Católica celebra la Divina Misericordia además de la entonces beatificación de San Juan Pablo II. Durante la Misa al entonar la canción “Pescador de hombres” sintió como Jesús le llamaba a dejar su pasado en la arena y junto a Él buscar otro mar… ese Viernes fue su ultimo día de trabajo en Planned Parenthood.


 Desde entonces Ramona se ha dedicado a defender la vida y a compartir su testimonio de vida. En el 2015 publico su primer libro “Redimida por la Gracia” y trabaja activamente con asociaciones Pro-vida como 40 días por la Vida, ha participado en entrevistas con Lila Rose para LiveAction, colaborado directamente con el Comité Católico Pro-Vida del Norte de Texas, y es miembro activo de Sidewalk Advocates for Life entre muchas otras.  Además, es una orgullosa mamá que educa en casa (Homeschooler). 

Mariana Schroeder ha colaborado con Ramona Treviño en campañanas pro vida y es editora de Salvar El 1 (Save The 1)

Saturday, March 25, 2017

FUI VIOLADA POR MI PADRASTRO Y ABORTARON MI BEBÉ SIN YO SABERLO

Mis recuerdos más horribles datan del 21 de septiembre del año 1984, cuando fui violada por mi padrastro por primera vez...

En la ciudad de Arica, Chile, una niña de 8 años fue violentada sexualmente por su padrastro y amenazada con un cuchillo. El violador procedió a ultrajarla... Mamá no estaba y no pudo ayudarme. Ella había ido al hospital a dar a luz.


Al día siguiente me levanté y acudí a los carabineros para ver si me podían ayudar. Pero ellos me dijeron que no me creían y que estaba mintiendo.

Nunca le conté a mamá lo que había pasado porque mi padrastro me amenazaba con matar a mi mamá y hermana si lo hacía  y así pasaron los días, los meses y los años, también. Y las violaciones nunca cesaron.

Me sentía sucia, como si fuera una basura. Cada vez que me bañaba refregaba mi cuerpo hasta hacerme heridas para que mi cuerpo se limpiara de tanta mugre, de tanto dolor.

Cuando tenía unos 15 ó 16 años, mi padrastro me había  golpeado con una manguera. Y en ese momento me encaré y le grité que lo denunciaría. Ahí fue cuando me fugué de casa y me fui a mochilear con una amiga. Mientras, mi mamá me andaba buscando y, finalmente, dieron conmigo y me regresaron a mi casa. Pero, por aquel entonces, yo ya había notado que mi cuerpo de niña estaba empezando a cambiar insinuando una clara maternidad...

En cuanto estuve, de nuevo, al lado de mi madre le expliqué que no me encontraba bien, que me sentía mal. Había algo que se movía en mi interior, dentro de mí. Ella, una mujer in tanto ingenua, me llevó  al médico de Medicina General y éste,  muy molesto, me toma una ecografia y me dice: "Tan cabra chica  y embarazada". Quedé en estado de shock.

Me dejaron hospitalizada y en la noche me dijeron que me tenían que operar y ya no recuerdo más pues me durmieron por completo y no me enteré de nada. Pero, al día siguiente, noté un vacío que hasta hoy siento.

Con el tiempo supe que me habían hecho abortar con 6 meses de gestación. Pasé los dos años siguientes muy mal, yendo a terapia con una psicóloga que me ayudaba pero me costó mucho.

Luego, intenté  hacer otra vez mi vida y conocí al padre de mis hijos y nos casamos pero mi vida en pareja fue muy difícil porque no podía tener hijos. Supongo que fue una de las secuelas que aquel aborto dejó sobre mi cuerpo y alma. Pero gracias a un tratamiento de infertilidad logré ser mamá.


Si tuviese que aconsejar a una muchacha que estuviera embarazada tras una violación o un acto de incesto, le diría que tuviera calma y que todo pasará.  Que no piense  en abortar porque todo dolor dura un tiempo pero la muerte del hijo abortado es para siempre y que  si no quiere al bebé o no se ve capaz de criarlo,  que lo de en adopción. Yo hubiese amado a mi hijo concebido en violencia tanto como amo a mis otros hijos y a mi nieto.


BIO: Alicia Padilla, madre y abuela chilena. Escribió este testimonio de vida para SalvarEl1 (SaveThe1)

Saturday, March 18, 2017

El aborto fue más dañino que la violación.

Por Nona Ellington

Mi madre era una devota Bautista del sur de EEUU y mi padre era un cristiano pleno, lleno de espíritu. Además, era pastor y solía viajar dando a conocer su ministerio a cualquier lugar donde era requerido.

Así  que yo estaba dividida entre dos iglesias. Ambos eran muy piadosos, pero tenían diferentes visiones de la Biblia debido a sus profesiones de fe.

Recibí a Jesús como mi Salvador y fui bautizada a la edad de 12 años en la Iglesia Bautista aunque, en aquel momento, aún  no entendía  la importancia de la oración diaria y la lectura de la Palabra de Dios.

A los 13 años fui violada por un miembro de la familia de 15 años que  robó mi virginidad. Tenía miedo, pues  no había recibido ninguna educación sexual hasta el momento. Pensé de inmediato que estaría embarazada. Yo tenía miedo de contarlo porque el violador era  de la familia y, como me había drogado con marihuana, estaba muy avergonzada por no haber podido defenderme del ataque.

Como resultado, me refugié en las drogas, el alcohol y busqué alternar con hombres mayores que yo. Después de un año, fui violada otra vez por un primo que era 10 años mayor que yo. Me llevó al bosque y me violó en su camioneta.

Desde ese momento sentí que exhibía un gran cartel que decía: "Viola a esta niña". Mi vida se volvió un lugar oscuro, sentía  tanta vergüenza... No quería  arruinar a mi familia que es lo que habría  pasado  si hubiese contado a alguien lo que había sucedido porque sabía que mi primo  iría a la cárcel. Además, dudaba de que alguien creyera mi historia.

Me distancié de mis padres. Yo estaba muy involucrada  en la iglesia a la que iba con mi madre, pero me acabé juntando con personas muy poco recomendables para  salir a divertirme, entre ellos adictos a la marihuana. Incluso me expulsaron a los 14 años de la escuela privada cristiana a la que iba debido a mi comportamiento.

En el segundo año de preparatoria, entré en una escuela pública y pronto conocí a un muchacho con el que comencé a salir. Me llevó a la casa de su primo después de la escuela porque no había adultos en casa. Después de haber fumado marihuana que debió de mezclar con alguna droga, me encerró en la habitación de su primo y me violó.

Me dejó en la habitación devastada, y podía oírlo  a él y a su primo riéndose al respecto de lo sucedido. Yo  sólo quería salir de allí y regresar  a casa, pero ni siquiera sabía dónde estaba, así que dependía del tipo que me violó para que me  devolviera  a mi casa.

Después de unas semanas, mi período no llegó. Llamé por teléfono  a una de mis  hermanas mayores para contarle mi situación y mi hermana  me aconsejó  que abortara. A los 15 años, ni siquiera sabía qué era un aborto. Mi madre oyó nuestra conversación, entró en la habitación y me arrebató  el teléfono. Durante su conversación, mi hermana convenció a mi madre de que necesitaba abortar. No tengo ni idea de cómo logró esto, porque mi madre tenía 9 hijos y era, como ya he dicho, muy devota.

Tenía miedo, así que hice un "trato" con Dios: "Por favor, ayúdame a no estar embarazada, si no estoy embarazada, prometo no volver a tener sexo fuera del matrimonio".

Mi hermana me llevó a Planned Parenthood en Houston donde me hicieron una prueba de embarazo y confirmaron mi embarazo. Yo estaba en estado de shock. Me dijeron que en esta primera etapa de sólo cinco semanas, "eso" era sólo un trozo de tejido. También me dijeron que tenía que  abortar, ya que yo era demasiado  joven y todavía estaba en la escuela. No sabía qué preguntas hacer en cuanto a otras opciones. Todo lo que se discutió fue el aborto, y me mandaron a otra clínica para que me lo practicaran.

Estaba devastada. En la escuela se lo conté  a todas mis amigas y todas me recomendaron un aborto. Todo el mundo me decía que realmente: "No es  gran cosa, la gente lo hace todo el tiempo, especialmente si todavía están en la escuela".

Absolutamente nadie me sugirió que me quedara con el bebé o que lo  diera en  adopción. Sentía que el aborto era mi única opción y carecía completamente de educación sobre el embarazo.
Yo estaba llena de vergüenza y culpa, incluso antes del aborto.

Cuando le dije al tipo que me había violado que estaba embarazada y necesitaba dinero para un aborto, él negó ser el padre, lo que incrementó  mi vergüenza. Sin embargo, bajo la presión de mi hermana, decidió pedir dinero en la escuela para poder costear el aborto y entregó a mi hermana un montón de billetes.

Alrededor de octubre de 1983, mi mamá y mi hermana me llevaron al centro de aborto. Mi padre nunca se enteró hasta más de 20 años después. Ni mi mamá ni yo éramos conscientes de lo que un aborto hace  a un bebé o de lo que le supone  a una mujer, pero ella sabía lo suficiente como para ocultárselo a mi papá.

Recuerdo es que mi madre estaba horrorizada después de darse cuenta de que había mujeres en la sala de espera con embarazos mucho más avanzados que el mío, y me dijo: "¿Qué están haciendo todas estas mujeres aquí? Parece que están a punto de parir".

Mi hermana llevó  el papeleo, pero ni a mamá ni a mi hermana  se les permitió entrar conmigo en la sala de “asesoramiento”. Una mujer mayor me advirtió que como yo era tan joven y tan pequeña, corría el riesgo de no ser capaz de tener hijos más adelante. Pero para mí, el matrimonio y los hijos estaban en un futuro muy lejano y como no me permitieron tener a mi madre junto a mí, no fui capaz de tomar una decisión informada .

Mirando atrás,  creo que esta fue la primera señal que Dios me dio para no abortar. Realmente creo que, si mi madre hubiera estado en la habitación conmigo, no lo habría hecho.

Recuerdo también como yacía sobre una mesa de aborto dura y fría. Nunca me presentaron al médico. Sólo recuerdo que era un hombre. Cuando la enfermera me estaba preparando, podía oír la voz de mi madre en la puerta, preguntando: "¿Está mi hija ahí?". Luego le dijeron: "Señora, no puede entrar". Nunca hemos vuelto a hablar sobre lo ocurrido  desde entonces, pero creo que mi mamá quería sacarme de allí y esa fue la segunda señal.

Me dijeron que centrara mi vista sobre un móvil para bebé colgando del techo. Ahora que lo recuerdo, me doy cuenta de lo sádico que esto fue.


Podía oír y sentir todo lo que me estaba sucediendo. Nunca había ido a un ginecólogo antes, y sentía que todo mi interior estaba siendo arrancado de mí. He oído decir que el aborto es como una violación, y es cierto, pero peor que la violación debido al nivel devastador de violencia que conlleva. La violencia y el dolor del aborto son más extremos en mi memoria que la violencia y el dolor de las violaciones.

Estaba sangrando profusamente cuando me fui. Mi madre y mi hermana me llevaron a un restaurante pero me desmayé porque estaba emocional y físicamente muy dañada. Después de eso, el aborto fue un tema tabú para ellas.

A partir de ahí, caí en las drogas, alcohol y promiscuidad. Yo estaba completamente vacía espiritualmente, rebelada completamente en contra de mi educación cristiana. Me sentía  entumecida, sin ganas de vivir.

A medida que iba experimentando  todos estos sentimientos, tratando de llenar este enorme vacío dentro de mí, comencé una relación muy abusiva con un muchacho y finalmente me casé con él a los 19 años.

El aborto realmente arruinó todas mis posibilidades de tener hijos. Sufrí 5 abortos involuntarios durante mi matrimonio de 18 años, lo que desencadenó  el divorcio. Tres de estos abortos fueron embarazos ectópicos, que requirieron cirugía de emergencia y experiencias muy cercanas a la muerte. Yo añoraba tanto un bebé para tratar de suplir al que maté...

A los 32 años y debido a mi baja autoestima por las violaciones, el aborto, la vergüenza, el matrimonio abusivo, la pérdida de mis hijos y mi infertilidad, intenté suicidarme. La experiencia del aborto no hizo que la experiencia de la violación fuera mejor, sino que me llevó a un lugar mucho más oscuro, y ahora me doy cuenta de que había estado sufriendo de depresión clínica todos esos años.

Dios entonces comenzó a acercarme a Él a través de la música cristiana que escuchaba en la radio. Conforme el Señor me llenaba de Su Verdad, devolví mi corazón a Cristo, y la radio se convirtió en mi Iglesia. Incluso me comprometí a dejar de fumar.

Un día, en mi emisora ​​de radio cristiana local, comenzaron lo que llamaron el “baby shower” más grande del mundo a favor de  centros de apoyo para mujeres embarazadas. Oí a una mujer hablando de los centros, y supe que tenía que coger el teléfono, llamarla y ponerme a su disposición para poder decir a otras mujeres la verdad del aborto. Me di cuenta de que Dios había estado trabajando en mí para hacerme ver que muchos de los problemas en  mi vida fueron causados por mi aborto.

Hasta ese momento, todavía me consideraba pro-elección, porque me sentía como si me hubieran obligado a tener un aborto y realmente no me habían dado otra opción.

Cuando visité el centro de apoyo para mujeres embarazadas  en el centro de Houston, la directora me preguntó si alguna vez me habían practicado un aborto, y rompiendo mi silencio, le conté mi historia. Y me dijeron que para poder ser voluntaria en este centro tenía que participar en un taller de sanación después del aborto llamado "Belleza en lugar de cenizas". ¡Era tan alentador el escuchar que algo así existía!

Este taller me salvó la vida. Mi esposo abusivo no quería que participara y tampoco quería que fuera  voluntaria en el centro. Fue una gran batalla volver al Señor, pero recibí mucha sanación a través de este taller. Tuve la oportunidad de bautizar a cada uno de mis seis bebés, y Dios me curó para poder ayudar  a otras personas y cambiar mi vida.

Durante este tiempo, también había comenzado a asistir a la iglesia con mi papá. Como dije, él era  evangelista, así que yo tenía miedo de contarle  mi aborto.

Fue casi 20 años más tarde, mientras yo estaba participando en el estudio de sanación, cuando se lo  conté.  Se quedó muy aflijido por la noticia de haber perdido a un nieto. Me dijo: "Si hubiera sabido que iba a tener un nieto, yo mismo habría criado a ese bebé".

El aborto fue la decisión más egoísta que he tomado en toda mi vida. Afectó a todos en mi vida y causó devastación en mi mente, alma y cuerpo. Causó la pérdida de mis otros cinco bebés, mi infertilidad, y también estoy convencida de que me causó cáncer de mama a la edad de 45 años en 2014. Las investigaciones han demostrado que el aborto puede causar cáncer de mama especialmente cuando es practicado a temprana edad.

Hay sanación  para corazones y vidas rotas después del aborto, a través del amor y perdón de Jesucristo. Su Cruz del Calvario elimina toda vergüenza, amargura, odio y pecado, sólo necesitamos creer y recibirlo en nuestro corazón.

Ruego que cualquiera que lea este testimonio que esté considerando el aborto para sí misma o para alguien más considere la posibilidad de buscar ayuda en un centro de apoyo para mujeres embarazadas donde le proporcionen información sobre todas sus opciones. Estoy convencida de que si alguien me hubiera llevado a un centro de apoyo para mujeres embarazadas, no hubiera abortado.

Quiero que todos sepan que el aborto no arregla la violación y que la experiencia del aborto es más perjudicial física y emocionalmente que la violación en si. Mi hijo tenía todo el derecho a la vida y yo haría cualquier cosa a mi alcance para tener a ese niño en mis brazos, o para haberlo  entregado a una pareja amorosa que lo hubiese amado en lugar de haberlo matado...



BIO: Nona Lynn Ellington es conferenciante y escritora pro-vida, residente en Houston, Texas. Ejerce su ministerio en Eagles Restoration Ministries. Nona ahora es  bloguera de  Salvar El 1 (Save The 1)