Friday, June 16, 2017

Aquel bebé inocente tenía todo el derecho del mundo a nacer.

Hola, soy Claudia Marcela y soy colombiana.


Soy fruto de una violación a mi madre cuando sólo tenía 15 años a manos de un conocido de la familia.

Mi madre, aún con la inocencia propia de una niña de su edad, no pudo decir nada en su casa por miedo a las amenazas de la persona que la ultrajó y la dejó embarazada.

Ella no entendía por qué su cuerpo estaba cambiando tan rápidamente pero no se sentía con el valor suficiente para contar a su mamá, Ana, a su abuela Mercedes y a su hermana Amanda lo que le había sucedido.

Fue algo muy doloroso para ella.

Sin embargo, la persona más afectada con esta situación fue su abuela Mercedes. Mi madre era la niña pequeña y consentida, la niña de sus ojos. Fue tan grande su dolor que enfermó y, desde aquel día que conoció la noticia de la violación, ya no fue la misma.

Mi familia buscó con ganas al hombre que había cometido aquel horrible crimen para entregarlo a las autoridades pero él se había marchado de la ciudad.

Mi madre y mi abuela decidieron seguir con el embarazo, no sólo por el tiempo avanzado de gestación, sino también porque aquel bebé inocente tenía todo el derecho del mundo a nacer.

Pasaron los meses y nací. Dice un tío de mi madre que mi nacimiento ayudó a aliviar un poco el dolor pero  la abuela de mi madre, es decir, mi bisabuela Mercedes, no pudo superarlo y cayó a la cama enferma de depresión.

Ella pedía todos los días que me acostaran a su lado para consentirme, besarme y contemplarme, pero su dolor no le permitió continuar más y murió al poco tiempo.

Esto hizo que mi mama se culpara  por su partida y se endureció consigo misma y con su bebé.

En pocos meses su hermana Amanda, mi tía, se casó con un hombre llamado Edgar, que se enamoró de mí desde el primer momento en que me vio y se convirtió él, y también mi abuelo, en referentes paternos.

Mis abuelos no vivían juntos desde hacían un buen tiempo. Mi abuelo residía en otra ciudad con su propia familia; él me hacía de padre durante las vacaciones cuando lo visitaba. Era amoroso y  divertido. En todos encontraba amor pero en mi madre notaba mucha distancia aunque muy preocupada por llenarme de regalos y cosas materiales y no entendía el porqué.

Con el paso del tiempo, pregunté por mi padre y la respuesta fue que había muerto antes de que yo naciera.

Cumplí los 13 años y un familiar me confesó la verdad. Aunque descubrir la verdad resultó muy duro, aquella confesión sobre mis orígenes me hizo entender la actitud de mi madre.

Sin embargo, nunca lo hable con ella por el temor de lastimarla  al recordarle ese momento tan doloroso.

El tiempo fue pasando y cumplí los 21. Quedé embarazada de mi novio Carlos pero no imaginaba que lo estaba. Fui a un chequeo médico porque me sentía muy mal y el doctor me hizo una ecografía donde se veía una pequeña imagen como un simple granito de arroz. Entonces, el doctor me dijo: “Claudia, estas embarazada”.

Lejos de importarme si el padre se haría responsable o si mi familia lo aceptaría, mis ojos se llenaron de lágrimas, mi corazón quería saltar de amor y felicidad  pero el doctor creyó que mi llanto era de miedo y me dijo: “Claudia, si quieres abortar estás a tiempo y yo te puedo ayudar”.

Lo miré con ojos grandes, de ira y le respondí con deseos de golpearlo: “Carnicero, daría mi vida por mi hijo; haría todo por él sin importarme nada más”.

Salí furiosa del consultorio, busqué al papá de mi hijo y le dije con emoción y gran fuerza: “ESTOY EMBARAZADA, lo voy a tener con o sin tu ayuda”. A lo que él me respondió que estuviera tranquila, que estaríamos juntos en todo aquello y que aquel bebé era tan hijo suyo como mío. Aquellas palabras del que después sería mi esposo me llenaron de paz y ánimos.

 Fuimos entonces a hablar con mi madre. Y aquella mujer que siempre fue dura y fuerte como roca se fundió como hierro en el fuego con esta noticia. Mi abuela estaba feliz.

La batalla se desató en el seno de la familia cuando mi tío Edgar supo la noticia. Las mujeres de la casa deseaban que fuera una niña pero mi tío anhelaba que fuera un varón para, así, dejar de ser el único león de la manada y esperaba la llegada de otro hombre para que le respaldara y lo acompañaba.

Finalmente, mi tío acabó venciendo porqué nació un hermoso niño que acabaría por dominar a todas las mujeres, incluyéndome a mí, su madre. Aquel niño resultó una gran bendición.

A los seis meses de nacer mi hijo Mauricio me embaracé de mi hija Laura y 13 años después de mi nena Ana Valeria. Mis hijos han sido mis grandes tesoros.


Años después, mi madre pidió ayuda psicológica para superar todo el trauma que supuso la violación y yo la acompañé. Lo hicimos juntas.

Gracias a Dios y a la terapia recibida, se dio cuenta de que la única persona con quien podía contar en su vida era su hija y aquel descubrimiento, feliz aunque muy tardío, la llenó de enorme serenidad.

Mis hijos supieron esta historia en la adolescencia. Fue duro para ellos pero lo aceptaron con la sabiduría y el amor de Dios.

Con la frase “Dios hace nacer rosas donde sólo hay rocas” me gustaría que esta historia llegara a todas las mujeres que no saben qué hacer cuando se encuentran en una situación parecida o se plantean la posibilidad de abortar.

Todo en mi vida lo pude lograr con el ser maravilloso al que siempre le dije "papá", y ese ser maravilloso, celestial, se llama Jesús. A Él acudí siempre, en todo momento y también a su Santa Madre, María.

Thursday, June 8, 2017

Siempre fui pro-vida, pero tras ser violada por mi novio, tuve que tomar una decisión


Witlee Ethan

publicada originalmente en LifeSiteNews

De niña siempre soñé con un Príncipe Azul, castillos y un final de cuento de hadas.  Pero lo que pasó exactamente una semana antes de mi cumpleaños, en septiembre de 2009, no fue un sueño de infancia, sino una horrible pesadilla llena de dolor e incredulidad.

Cuando fui violada por mi novio, mis sueños se desvanecieron.  Mi mundo se vino abajo. Ese acto violento destrozó mi interior.

Cuando cuento mi historia, a menudo me preguntan cómo un novio podría ser culpable de violación.
Lo que algunas personas no entienden es que cuando una chica dice "No", quiere decir "No", sin importar si hay o no una relación íntima / sexual.  

Sí, estábamos comprometidos, pero esto no significa que tuviéramos relaciones sexuales.  De hecho, no las teníamos. Habíamos decidido, como seguidores de Cristo, que esperaríamos hasta que nos casáramos para tener relaciones sexuales.

Mi novio incluso había dicho: "¡Será difícil esperar, pero valdrá la pena!"  No tenía idea de que el hombre que juró protegerme siempre sería capaz de lastimarme tanto. ¿Cómo podría el hombre que planeó un futuro conmigo, que oró conmigo todas las noches por nuestros futuros hijos, y que me leía y citaba las escrituras ser el mismo hombre que me haría tanto daño?

Fue a través de esta situación que realmente comprendí el significado de la frase: "Un lobo con piel de oveja".  No sólo mi cuerpo fue violado, sino que también mi corazón había sido traicionado.

Lo estaba visitando fuera del estado.  No había familia alrededor.  Después de que me violó, llamé a mi hermana y le pregunté qué hacer.  Tenía dolor.  Ella me sugirió ir a un hospital para atención de urgencia, aunque todavía estaba en negación de todo lo que había pasado.  Las acciones de mi novio fueron, por primera vez, lo contrario de sus palabras, y era mucho para mí.


Después de contarle cada angustioso detalle del traumático evento al médico de urgencias, se sentó frente a mí en su silla giratoria y me dijo que por ley tenía que informar a las autoridades.  Me dio la opción de hacer la llamada a la policía y denunciar a mi propio novio por violación, o lo haría él.
Todo lo que podía hacer era llorar. No podía creer que esto estuviera pasando.

El médico dijo que él llamaría y volvería cuando llegara la policía. Mi familia y amigos estaban  a cientos de kilómetros mientras yo estaba sola en urgencias, preguntándome cómo mi historia feliz se había tornado tan oscura y violenta. Esto no era en absoluto como esperaba pasar mi fin de semana: Violada, luego en urgencia con un médico que denunciaba a mi novio por violación, tener que hacer el kit de violación (para recoger pruebas de agresión sexual) mientras la policía buscaba a mi ahora ex-novio.

Era la peor pesadilla de una mujer.  Pasé de estar felizmente enamorada a sentirme como la mujer más desamparada y sola del mundo.

¿Cómo llegué aquí? Estaba aterrorizada y emocionalmente destrozada.  No pude evitar llorar y sentirme absolutamente sola, mi futuro ahora parecía tan sombrío.

Toda mi vida he sido pro-vida.  Mientras me hacían el doloroso kit de violación, un pensamiento  pasó por mi mente.  Finalmente, entendí porqué algunas víctimas de violación están tentadas de hacerse un aborto. Y ese pensamiento me perturbó profundamente debido a las fuertes convicciones pro-vida que siempre he defendido. Sin embargo, no podía soportar la idea de quedar embarazada del hijo de mi violador.

En ese momento la enfermera me preguntó: "¿Crees que podrías estar embarazada?".

Su pregunta me hizo querer salir de mi piel y gritar. La enfermera discutió conmigo el momento de todo y determinó que probablemente estaba embarazada.

Entonces ella me dijo que iba a darme la píldora del día después.  Me quedé allí llorando, suplicando a Dios que me dejara de alguna manera morir o escapar de esta pesadilla.

Sabía que la píldora del día después era para terminar un embarazo, destruir la vida de otro ser humano. Hay tres maneras en la que la píldora del día después funciona: 1) Si una mujer aún no ha ovulado, evita la ovulación. 2) Si ha ovulado, pero no ha concebido, impide la concepción. 3) Si ha concebido, impide que el pequeño bebé (denominado "blastocito") se implante en la pared uterina, lo que hace que el bebé muera porque no puede recibir los nutrientes necesarios para sobrevivir.
El equipo de SART engaña a una mujer violada al decirle que la píldora del día después no "termina un embarazo".  Si estás embarazada, la píldora mata.

Mientras yacía ahí, dolorida y llorando, sabía en mi corazón que una vida, sin importar cómo se conciba, es un regalo precioso creado por Dios. Es un regalo que yo sabía que no tenía derecho a destruir, a pesar del trauma que estaba experimentando ahora. Ningún bebé no-nacido merece la pena de muerte por los pecados del padre.  Así que, yo sabía, mientras sollozaba mientras sacaban las fotos más gráficas de mis heridas, que independientemente del futuro, yo elegiría la vida.

Esa noche, no sólo rechacé la píldora del día después, sino que me negué a tomar cualquiera de los antibióticos de emergencia para enfermedades de transmisión sexual (ETS), al no estar segura de qué píldoras la enfermera  podría meter si tomaba alguna.  Así que asumí los riesgos a mi salud y confié en Dios.

Después de eso me enteré que es una práctica estándar que mientras se está realizando el kit de violación, no sólo se da la píldora del día después a las víctimas de violación, sino también antibióticos de emergencia para combatir enfermedades de transmisión sexual (ETS), incluyendo el SIDA, en caso que la víctima haya sido expuesta.  Todas las píldoras se administran generalmente juntas.  No hay manera de que una mujer sepa qué píldora es cada una.

A pesar de que había rechazado la píldora abortiva, la enfermera continuó presionando fuertemente para que la tomara, diciendo "¿Quién querría un bebé de una violación?"

Su comentario me chocó y entristeció.  Me sentí como si la enfermera estuviera tratando de manipularme para hacer lo que ella quería que yo hiciera, no lo que era mejor para un posible embarazo, o para mí.

Finalmente me dieron el alta y conduje toda la noche de vuelta a casa, sin saber lo que el futuro me deparaba. Pero yo sabía quién tenía mi futuro: mi Señor y Salvador, Jesucristo.

Las siguientes semanas fueron físicamente dolorosas y llenas de ansiedad mientras esperaba si las pruebas de embarazo que tomaba mostrarían una línea o dos. Pero las pruebas sólo mostraban una línea. Me sorprendí cuando un médico confirmó que no estaba embarazada.

Las pruebas que tomé seis meses después también mostraron que no había estado expuesta a ningún tipo de ETS.

Mientras reflexiono sobre ese valle oscuro que atravesé en 2009, puedo decir que, independientemente de lo que las pruebas de embarazo revelaron semanas después de mi violación, escogí la vida bajo las circunstancias más impensables y traumáticas, enfrentándose a un mundo de incógnitas.  Es una elección que haría de nuevo.

Después de la violación, he perdonado a mi violador. Me he convertido en una defensora de las víctimas de abusos, hablando de violación, violencia doméstica y eligiendo la vida. He encontrado esperanza y sanación por medio de Dios. Hoy soy una defensora de los no-nacidos.

No tomé la píldora del día después tras  la violación porque soy pro-vida. Está profundamente arraigado en el núcleo mismo de mi ser   Mi elección por la vida me ha ayudado a convertirme en la mujer que soy hoy.


Nota del editor: La historia de Witlee Ethan se publica aquí con permiso de la autora y ha sido editada. Witlee puede ser contactada en twitter: @VoiceUrRights.

Saturday, June 3, 2017

¡Es mi bendición que ha salido de una situación nefasta!


Mi madre siempre trabajó mucho para costear las facturas y gastos que teníamos. ¡Quiero a mi madre con todo mi corazón! No sólo era mi madre sino uno de mis mejores amigos. 

No quiero entrar en más detalles porque sigue siendo un tema delicado, pero me violaron y yo conocía al violador . Entonces fue cuando dejé de contarle todo a mi madre. Me sentía culpable y sucia, como si fuera mi culpa.

Y quedé embarazada de esa violación a la edad de 16 años ¡Tenía tanto miedo de decirselo a alguien! Sólo hablé con mi mejor amiga de la escuela; ella era la única que sabía lo que pasó. Mantuvo mi secreto. 

Todavía vivía con mi madre en ese momento, pero ella ni siquiera sabía que estaba embarazada. Siempre llevaba ropa holgada para que no se me notará el embarazo. Yo consideré el aborto, pero no podía hacerlo, sólo la idea me hacía llorar. Pensé en la adopción pero no podía pasar por ella sabiendo que alguien más estaba cuidando de mi bebé. La única cosa que sabía que iba a hacer era cuidar de mi bebé y ser una madre adolescente no importara lo difícil que fuera o qué sacrificios tuviese que hacer. 

Además de mi amiga nadie más sabía que estaba embarazada hasta que llegué a las 25-26 semanas de embarazo. No tuve cuidado prenatal hasta ese momento porque estaba muy asustada.

Tuve un niño el 15 de noviembre de 2008 - Lo llamé Lloyd Allen Hansen. ¡Es mi bendición que ha salido de una situación nefasta! ¡Es la mejor cosa en mi vida, además de mi familia! Ahora tengo 25 años y este año cumplo 26. Mi hijo cumple 9 años y tiene 4 hermanos y un padrastro que lo ama, al igual que si fuera suyo propio.

Lisa
FUENTE : Choice 42



Lloyd y sus cuatro hermanos

Sunday, May 28, 2017

Son ángeles del cielo

Testimonio anónimo de una mujer violada

Quisiera compartir mi historia.
Tengo 18 años, y por cosas del destino fui violada. Recibí mucho rechazo por parte de mi familia, me sacaron de mi casa, me decían que la culpa era mía, y mucho tiempo pensé eso (tal vez aun hoy lo pienso).



A los 5 meses me enteré que estaba embarazada y al principio mi primera reacción fue de rechazo total. Luego del tiempo pensé en darlo en adopción, pero cuando empecé a sentir a mi bebé, fue la experiencia más grande de mi vida. Es duro no saber quién es el papa de mi hija, pero tampoco me atormento por eso. Mi bebé ha sido la fuerza que me faltaba para aceptar cosas que no quería ver, a quererme otra vez como mujer, y a hacerme valer como persona.

Nunca entenderé porqué me pasó a mí, pero un hijo en las condiciones que sea es el regalo más grande. Tener un hijo joven es duro, obvio, pero la disposición y la entrega están.

No sé si a alguna está pasando por mi misma situación, pero recuerden que un hijo siempre va a ser tu bendición y ellos son ángeles en el cielo que nos escogieron como mamas, y ciertamente no hay mejor regalo que la sonrisa de un ángel y por qué no, ¡DE TU ÁNGEL!l

Saturday, May 13, 2017

Su padre la violó repetidamente y, cuando quedó embarazada, le practicó un aborto casero.

Texto redactado a partir del artículo publicado en LifeNews




Se ha denunciado durante años cómo el aborto se utiliza en las formas más horrendas contra mujeres víctimas de violación.  Las clínicas de aborto generalmente miran hacia otro lado y sacan provecho de abortos realizados a jóvenes, víctimas de violencia sexual que muchas veces no denuncian la violación a las autoridades o lo hacen con demora,  dificultando los esfuerzos de la policía para procesar al violador.

Un caso en Inglaterra muestra cómo el aborto es el mejor aliado del violador y sirve para cubrir sus huellas y ocultar la evidencia más clara de la violación: un bebé.

Hollie Davey, de Essex, se crió en una familia de adopción. En el año 2001, a  los 13 años, quiso conocer a su padre biológico puesto que su madre biológica ya había muerto. Empezó su búsqueda  y consiguió encontrarlo.

“Cuando llegué a su casa -relata Hollie- un hombre de pelo gris abrió la puerta y me preguntó si me podía ayudar. Le dije que yo era su hija y aunque parecía sorprendido, él me estrechó  con un abrazo. Dijo que había estado esperando el momento en que me conociera”.

Éste le pidió que se fuera a vivir con él y allí comenzó  su pesadilla. Empezó a ser abusada sexualmente de forma reiterada por su padre que la obligaba a vestirse de novia y quedó embarazada dos veces. La primera vez, su padre le hizo un aborto casero que fue horrible para ambos: Hollie y su bebé. La segunda vez que Hollie quedó embarazada, se quedó con el bebé, diciendo que el niño era suyo a pesar de que hubiera sido concebido en  esas terribles circunstancias.

Hollie Davey que tiene ahora 28 años y es madre de tres hijas de corta edad, ha relatado  por primera vez su terrible experiencia tras el encarcelamiento de su padre en 2013 y afirma  que nunca superará lo que le hizo al haberle robado su niñez.


Según cuenta su padre visitaba su  habitación todas las noches para acosarla sexualmente.  "Él me llamaba su 'chica especial' y yo me quedaba como muerta en la cama, deseando  que eso no estuviera pasando".

Davey siguió violando a su hija durante meses y finalmente ella quedó embarazada.  Desesperado, la obligó a tomar una botella de ginebra y luego le hizo un aborto casero con una aguja para tejer.
Hollie explica: "Recuerdo que la sangre corría por mis piernas y debió de  asustar a mi papá porque me llevó al hospital. Quise contarle a las enfermeras: ‘Mi padre me hizo esto’, pero estaba aterrada de pensar  las consecuencias. Sí que pensé que esto lo asustaría para que dejara de violarme pero me equivoqué”.

A los 15 años, la muchacha quedó embarazada por segunda vez, pero en esta ocasión se lo ocultó a su padre.

Ella explica cómo razonó : "Aunque el bebé había sido creado por un monstruo, era mi bebé".
Entonces, una noche, cuando su papá estaba dormido, Hollie se percató  de que la puerta estaba sin llave y escapó: "Me di cuenta de que, finalmente, era libre".

Meses después dio a luz a su hijo pero los servicios sociales se lo llevaron.

Culpó a su padre y tomó la decisión de  no dejar que destruyera más  su vida. Comenzó la universidad y alquiló  su propio piso.

Pero un día se percató de que su padre seguía libre y rondando por ahí y podía abusar de otros niños así que contactó con un abogado y fue a la policía.

En julio de 2013, Paul Davey, entonces de 63 años, declaró en el Tribunal Penal de Ipswich y se declaró culpable de violación, asalto indecente y un intento de procurar un aborto involuntario.

Fue declarado culpable de todos los cargos y condenado a 16 años de cárcel. 

Saturday, May 6, 2017

Nací con 26 semanas de gestación. El médico abortista quiso acabar con mi vida pero algo impresionante sucedió.

por Sarah Zagorski

Ésta es una historia que no quisiera contar. Me gustaría borrarla de mi memoria para siempre. Sin embargo, entiendo que debo contarla porque es la verdad y la verdad, hoy en día, resulta impopular.


 No fui planeada ni tampoco querida. Mi madre biológica tenía un hermoso corazón pero sufría de esquizofrenia y desorden bipolar. Cuando quedó embarazada de mí ya tenía siete hijos y vivía en condiciones miserables. No estaba preparada para recibir a otro retoño. La situación en la que se encontraba era enormemente complicada. No era blanco o negro. Para empeorar todavía más las cosas, mi padre biológico no me quería para nada. Era médico y tenía su propia familia. Le aconsejó a mi madre que abortara. Ante aquel panorama, ¿no era lo más sensato? Para nuestra sociedad pro abortista, sería el camino correcto. Veamos porqué.

Si se me hubiera permitido nacer habría sufrido mucho: pobreza, abandono y abusos de todo tipo. Mi vida sería una auténtica tragedia. ¿Cómo puede alguien permitir una vida así? Seamos honestos: nadie quiere a un hijo con un historial así. Mi futuro resultaba desolador.

A mis 25 años, cuando vuelvo la vista atrás, puedo afirmar que algo hay de verdad en todo este panorama que he descrito. Pero estoy aquí y la historia que voy a contar es una historia de esperanza.

El embarazo de mi madre fue difícil, física y emocionalmente. Resultó muy duro cuando se planteó el tema del aborto. En el pasado ella ya había sufrido algún aborto y lo lamentaba profundamente. Se encontraba, pues, en un momento que muchas mujeres experimentan: una sensación de miedo y confusión. Decidió acudir a un abortista porque sabía que se trataba de un médico barato y que podía ayudarla. A día de hoy todavía no sé si buscaba un aborto o, simplemente, ayuda médica; pero lo que sí tengo claro es que el abortista no tenía la intención de dejarme vivir.

El médico provocó el parto a los 6 meses y medio de gestación (26 semanas). No respiraba y le dijo a mi madre que, si sobrevivía, sería como un vegetal, incapaz de llevar una vida normal. Le aconsejó que lo mejor sería dejarme morir. Mi vida estaba en sus manos y él pensaba que tenía el derecho de decidir mi futuro.

Pero mi madre dijo: "no". Cuando me vio no pudo permitir que se me dejara morir. Reclamó inmediata asistencia y fui conducida a una zona de nacimientos traumáticos en Nueva Orleans, donde estuve hospitalizada hasta que tuve la fuerza necesaria para ir a casa. Sin embargo, aquello fue sólo el inicio de un camino tortuoso.

Llevaba poco tiempo en casa cuando el Departamento de Infancia y Familia empezó a investigar a mi familia. Trabajadores sociales se personaron para encontrar despensas vacías, mobiliario roto y padres ausentes. A causa de la deplorable situación del hogar, mi madre perdió la custodia de sus hijos más pequeños y fuimos introducidos en un programa de acogida.

Tenía año y medio cuando fui adoptada por Ron y Robbie Jones. La pareja no tenía hijos y deseaban ardientemente ser padres. Aunque yo no estaba diagnosticada como enferma mental, los asistentes sociales advirtieron a mis nuevos padres que tal situación podría suceder debido a mi historial clínico. Les dijeron que recibían mi custodia para seis u ocho  meses pero que, en cualquier momento, la madre podía reclamar sus derechos si cambian las condiciones. No les importó. Ellos me querían. Yo no podía imaginarlo entonces, pero ese matrimonio salvó mi vida.

Un parto prematuro, extrema negligencia paterna, una infancia nada alentadora, hasta el punto de poder contraer tuberculosis… Sin tratamiento todo esto habría resultado fatal. Afortunadamente, mis padres adoptivos me dieron un amor inmenso y me atendieron en todas mis necesidades. Gracias a ellos, escapé una vez más a la muerte y Dios permitió que pudiera vivir con los Jones más tiempo del esperado.

Pero con la mejora de la salud vino también la llamada que ellos más temían. Tuve que regresar a mi familia biológica. Aunque mis padres de acogida se habían preocupado enormemente por mi persona yo me sentía dichosa. Los niños siempre aman a sus padres biológicos, incluso cuando la situación pueda ser dolorosa. Tristemente, aunque yo amaba profundamente a mi familia, aquellos fueron los días más oscuros de mi vida.


 En mi casa escaseaba la comida. Me consideraba afortunada de conseguir algún bocado de cualquier cosa. Como sólo tenía cuatro años, mis hermanos mayores eran más rápidos y fuertes que yo, así que siempre se quedaban con lo mejor. A lo sumo, conseguía algún pedazo de comida, me escondía en el lavabo con mis hermanos más pequeños y allí comíamos como podíamos. Incluso si la comida estaba sucia o infectado por insectos nos la comíamos: tal era  la hambruna que pasábamos.

Sobrevivir en aquella casa era todo un desafío. Pasé la mayor parte de mis días en una habitación que más parecía un garaje lúgubre y oscuro. Todavía puedo sentir el suelo helado pegado a mi espalda y el hedor a orina que llenaba todo el ambiente. Aquella habitación resultó mi mayor pesadilla durante los diez años que viví en ese hogar. Se convirtió en una sala de tortura donde mis abusadores disfrutaban viendo como era capaz de resistir sin dormir, me golpeaban y me ataban a la pared. Me escondía y cuando no podía trataba de olvidar esas pesadillas lo antes posible.

Mis mejores amigos fueron unos juguetes que traje de la casa de mis padres adoptivos pero mis hermanos mayores tampoco quisieron respetarlos.

Si dije que la mía era una historia de esperanza, entonces, ¿por qué comparto estos detalles incómodos y bulliciosos? Porque la industria abortista se enriquece a costa de familias como la mía; venden una mentira a mujeres que sufren asegurándoles que matar a sus hijos será mucho mejor que regalarles un doloroso futuro.

Muchas veces hemos oído repetir: “¿Es cada hijo un hijo deseado?”. La verdad que esconde esta pregunta es que cualquier niño no deseado, y yo claramente lo era, debería ser eliminado. No hay lugar para la esperanza, el cambio o la determinación.

Sin lugar a dudas, yo no sólo no era deseada sino que mi madre tampoco podía hacerse cargo de mí. Éste es un hecho que no puedo eludir. El hambre, el abuso y la falta de atención, no eran realidades abstractas en mi persona o en mi familia. Eran muy reales y han debido pasar muchos años para recuperarme de las secuelas sufridas, aunque esas circunstancias fueron pasajeras.

Hay un grave error en la ideología pro abortista: Sean cuales sean las circunstancias, jugar a ser Dios con la vida de una persona nunca debería ser una opción. Nunca deberíamos cerrar la puerta a nadie a pesar de una situación del todo desafortunada.

Finalmente, regresé a mi hogar de acogida con Ron y Bobbie. Después de un forcejeo entre mis padres biológicos y los adoptivos, me vi sentada a la tierna edad de 9 años en un banquillo del juzgado, donde habría de determinarse mi custodia legal. El juez me formuló la pregunta capital: “¿Con quién preferirías vivir?”. No lo dudé un solo instante y apuntó en dirección a la familia Jones. Después de 7 años y medio los derechos parentales de mi madre cesaron y aquel matrimonio encantador se hizo cargo de mi persona al igual que lo habían hecho años atrás, cuando contaba con solo 16 meses. Se comprometieron a ser mis padres para siempre y me enorgullezco hoy de llamarles papá y mamá.

Dios obró un milagro a través de Ron y Bobbie. Ellos me regalaron una hermosa familia, la oportunidad de sanar el dolor del pasado, una fe cristiana, una educación y un futuro lleno de esperanza. Aunque no haya sido un camino de rosas, me siento afortunada por haber tenido una vida preciosa. Me casé en el año 2011 y me gradué al año siguiente. Me siento muy cercana a mi familia adoptiva y también a algunos de mis hermanos. Desafortunadamente, mi madre biológica falleció el 2012, pero antes de su defunción conseguimos establecer una relación amistosa.

Si la lógica abortista hubiera triunfado, no habría lugar para la esperanza. Si mi madre biológica hubiera permitido que aquel doctor abortista acabara con mi vida, hoy no tendría futuro alguno.

Yo no fui querida, pero esto ya quedó atrás. Hoy, no sólo me siento querida sino profundamente afortunada por poder disfrutar cada segundo de mi vida.


Agradecimientos a Benjamin Clapper, Director Ejecutivo de Derecho a Vivir de Lusiana, Louisiana Right to Life’s,  por haber editado mi testimonio y haberme animado a contarlo.


Sarah Zagorski Jones escribió este testimonio para lifenews y nos ha dado su permiso para publicarlo en salvar el 1 (save the 1) y compartirlo.

Saturday, April 29, 2017

Aunque fui concebida en un adulterio, no soy un accidente.

 Por Lori Sealy

Soy adoptada y hace unos cuantos  años tuve la dicha de conocer la historia de mi madre biológica.

Llegué a este mundo con unas  circunstancias que eran todo menos 'ideales'. Mi madre biológica  tocaba instrumentos musicales y tuvo una relación sentimental con un hombre casado que tenía seis hijos.

No habían planeado que mi mamá quedara embarazada pero ocurrió y se asustaron mucho. Pensaron que la mejor decisión para todos era que ella abortara. Para ellos terminar con el embarazo era mejor opción que terminar con el matrimonio de mi padre biológico  y era preferible  romper el corazón  de un niño que aún  no había nacido y al que no conocían  que los corazones de seis niños.

Juntos fueron a la clínica abortista, entraron, se registraron, se sentaron, y esperaron...y esperaron...y esperaron. Esperaron durante una hora, pero nadie apareció.

Lo que ocurrió fue que, por un error de la recepcionista, se saltaron en la lista el nombre de mi madre biológica así que, en vez de llamarla a ella, llamaron a la siguiente en la lista.

El error de la secretaria fue sólo una de las piezas de un rompecabezas providencial que  ayudó a asegurar que seguiera existiendo fuera del vientre de mi madre. Otra de las piezas de esa providencia fue que, durante su embarazo, se acordó de una lección que un día escuchó en una escuela dominical en la que había estado. El recuerdo tenía  más de dos décadas. Era la lección sobre los Diez Mandamientos, una lección que ella había oído  por casualidad cuando  visitó a una tía que vivía  en otro pueblo. Otra casualidad fue que su tía la llevase a la iglesia, algo que su familia raramente hacía.

Mientra ella se sentaba en una silla fría de metal en ese oscuro y sucio cuarto de espera, las palabras “No matarás” le pasaron por la conciencia como un trueno y advirtió que lo que iba a hacer era matar. Se volvió hacia mi padre biológico y le dijo que aunque dar a luz a ese hijo fuera difícil y traumático, ella no podía abortar, y encontría una manera de llevarme en su vientre hasta que diera a luz.

Llegaron juntos a esa clínica pero mi madre salió sola.


Pasó los siguientes siete meses sola, escondida en una cabaña de cacería que tenía un solo cuarto. Esta cabaña estaba  en un bosque en Sumter, Carolina del Sur. Ella se aisló de todas las personas  que la conocían para no tener que lidiar con la vergüenza y los comentarios  por seguir adelante con ese embarazo a pesar de las circunstancias de su concepción. Su sacrificio enorme hizo posible que yo ahora yo esté aquí.

Ella no escogió el camino más cómodo y fácil sino que invirtió radicalmente el rumbo de su vida y se persuadió  de  que la niña que llevaba en su vientre no debía morir a consecuencia de sus 'acrobacias' en un adulterio. 

Cuando reflexiono sobre la historia de mi vida y las circunstancias en las que fui concebida me doy cuenta de cuán cerca de la muerte estuve en la clínica  de abortos. Allí otra persona, una pequeña niña o un pequeño niño murió ese día en mi lugar cuando llamaron a su madre en el lugar de a la mía. Pienso en el matrimonio que fue destrozado por mi nacimiento; mis hermanos que sufrieron por la infidelidad de mi padre; el temor que mi madre sentía cuando se refugió en la pequeña cabaña y las consecuencias que, a largo plazo, sufrió mi madre por el sacrificio de dejarme nacer. Cuando pienso en todas estas cosas, me sorprende mucho. A mi madre le costó mucho llevar hasta el final el embarazo y muchos de sus sueños murieron. Pero ella sacrificó sus sueños para darle vida a mis sueños...

Con frecuencia me pregunto: ¿Por qué estoy aquí? ¿Debería estar aquí?

Podría mirar mi vida y decir: “Sólo soy un accidente. Ni siquiera debería existir. No soy más que un error"...

En esos momentos en los que la duda y la culpa surgen sobre los oscuros detalles de la historia de mi concepción, es cuando siento el peso de la carga de mi nacimiento puesto sobre las espaldas de otros; ahí es cuando emergen mis pensamientos más profundos y escondidos y la verdad de Dios me es revelada y me dice porqué estoy aquí. Estoy aquí por la Voluntad  de Dios aunque pueda parecer que surgiera del caos.


La palabra de Dios me enseña que no estoy aquí por accidente sino que estoy aquí -independientemente de las circunstancias que me trajeron a este mundo- porque Dios me quería aquí. La palabra de Dios me dice que a pesar del pecado sexual de mis padres biológicos, Dios soberanamente “formó mis partes interiores y me unió en el vientre de mi madre". Él me dice que yo estoy “formada maravillosamente”.

Algunos años atrás, recibí una carta de mi madre biológica -la mujer que sacrificó tanto por mí. Ella me escribió para contarme que piensa que no estoy viva por accidente sino que yo existo por voluntad divina y que a pesar de todo lo que sufrió, no cambiaría nada si pudiera echar marcha atrás.

Decía en su carta:
 “Lori, Dios te hizo con un propósito. Tú no eres un accidente o una idea tardía, tu no estás en la tierra ‘solo porque sí' y tampoco eres simplemente un acto de creatividad de Dios sin orden ni concierto. Tu fuistes planeada por el Creador del Universo, aunque no fuistes planeada por mí. A ti, Dios te tenía en su mente mucho antes de que nacieras y te  esperaba con alegría. ¡Yo también lo hice!

Yo ahora me dirijo a todas esas mujeres que esperan un hijo y no disfrutan de las mejores circunstancias o a todas las que sufren como consecuencia de una gestación no planeada:

 Amigos y amigas, no conozco sus historias, pero lo que sí sé es que no importa tu situación de hoy, afrontando un embarazo no planeado, luchando  contra las consecuencias de un aborto, tratando de descifrar los detalles de un nacimiento que llegó de un adulterio, o de una  violación, o de otro hecho horrendo, Toda vida tiene valor y propósito desde el vientre hasta las tumba.



Yo no soy un accidente, y tú no lo eres tampocoSeguramente la pequeña vida que se está creando dentro de ti tampoco es accidente. No importa cómo sean tus circunstancias en este momento. Quiero que tú sepas que hay un Salvador que te perdona todos tus pecados en este mismo momento. Hay un gran Dios que es bueno y un Salvador que coge las cosas malas y las hace hermosas; hay un Dios que toma las situaciones más horrorosas y los hace maravillosas; un Dios que coge las historias más tristes y crea las canciones más dulces.

Él ha hecho eso por mi mamá biológica y por mí, y yo rezo para que a través de mi historia  puedas encontrar un poco de esperanza y ayuda en Él.

Biografía: Lori Sealy vive en Carolina del Norte con su esposo y sus dos hijos. Es pianista, guitarrista, cantautora, oradora, líder de adoración y bloguera pro-vida para Salvar el 1 (Save The 1). Ella comparte, también,  sus experiencias de crianza de su hijo con Autismo y su testimonio de fe, de cómo pasó de ser atea a cristiana. Su dirección de internet es www.lorisealy.com.







Saturday, April 22, 2017

Me vendieron a cientos de hombres para realizar servicios sexuales y me quedé embarazada.

Por Darlene Pawlik

Estuve atrapada en la industria del tráfico sexual desde los 14 a los 17 años. El tráfico de blancas no es como cualquier industria regulada. Es anarquía absoluta. No hay reglas.


Me concibieron en una violación brutal y me enteré de ello cuando era muy pequeña. El conocimiento de este hecho y el abuso sexual infantil del que fui víctima por parte de mi propio padre y, más tarde, por un tío materno me hicieron sentir que no valía nada y  era una niña muy vulnerable.

 Tenía 12 años cuando mi madre se divorció por segunda  vez. Desde los trece años, había estado metida en drogas y alcohol, vagando por el vecindario y saliendo con un fisicoculturista que conducía un Cadillac negro. Me cortejó y fue muy paciente mientras me manipulaba para meterme en su cama.

Yo me sometía a ese tráfico sexual por miedo, no porque me encerraran o amenazaran. No tenía esperanzas de que las autoridades me ayudasen. Un apartamento en el que me alojé fue alquilado al candidato a sheriff de esa pequeña ciudad. Algunos de mis clientes eran hombres de negocios, un concejal de la ciudad, profesionales, así como amantes de la violencia y mal.

Él me vendió por primera vez el día que cumplí 14 años. Me paré en tres pulgadas de lodo congelado, con los tenis llenos de agua helada, tiritando delante de una farmacia local al final de la calle donde vivíamos esperando a que me recogiera. El comprador estaba encantado de saber que yo era tan joven, inexperta y miedosa.

El proxeneta me vendió por sexo cientos de veces. Luego me vendió a otro hombre que, a su vez, me vendió por sexo también. Era un círculo vicioso de abusos, violación en grupo, intento de suicidio, insomnio, acurrucarme en puertas y escalinatas de iglesias, drogas, alcohol, arrestos y huir de nuevo.



 A los diecisiete años, me vendieron a un hombre como una "mascota". Pensé que estaría más segura, al menos tendría que servirle solo a él. Me vestía bien y me llevaba a cenas agradables. Obtuve un trabajo y finalmente sentí un poco de estabilidad, era casi normal.

Me había dicho que si me embarazada tendría que abortar. Me asustó, pero no sentí que tuviera elección.

Después de cuatro meses, quedé embarazada. Mientras golpeaba su puño en el brazo de madera del sofá, me gritó: "¡No quiero vida!". Era aterrador - su voz se disparó a través de mí. El hombre era un jefe del crimen organizado. Dijo que me haría un aborto o me mataría y yo sabía que esto era cierto. Uno de sus agentes había sido mi traficante y me había golpeado y violado en numerosas ocasiones. Concerté la cita para abortar en su presencia.

Esa noche alcé las manos al cielo mientras lloraba y rezaba: “¡Dios, si eres real, por favor ayúdame!". De alguna manera, me quedé dormida y soñé con un aborto con todo detalle  desde la perspectiva del interior de la matriz. No tenía conocimiento del aborto en ese momento, pero ahora sé que era preciso por el nivel de desarrollo gestacional en gran detalle. Esas pequeñas manos y pies, ese rostro diminuto, las costillas y la sangre... ¡Era horripilante! Yo siempre había querido ser mamá desde que tenía uso de razón.

Cuando desperté, llamé a todos los que se me ocurría que me podrían ayudar. Busqué entre las tarjetas de presentación que la gente me había entregado en algún momento y di con una trabajadora social que había tratado de ayudarme una de las veces que me fugué. Ella me encontró un hogar para chicas embarazadas al que me llevaría. Algunos amigos llevarían mis cosas a una bodega. Pero, ¿cómo me iría? Mi captor insistió en salir a cenar después de la cita para el aborto.

Así que llegó el día. Me fui e hice arreglos con la trabajadora social, pero volví y me preparé para la cena. Estaba tan asustada que estaba llorando y casi histérica todo el día. Con mi cara hinchada, ojos inyectados en sangre, temblores y respiraciones superficiales, entré en el coche. Estaba muy intranquila - mi respiración lo delataba. Tartamudeé cuando le dije que me quería ir a vivir con una prima que me daría trabajo.

"Algo me pasó en esa mesa", le dije, "ya no quiero estar aquí". Pensé que él lo entendería porque me había platicado de otras chicas a las que había obligado a abortar y las había dejado ir. Toda la noche estuve muy nerviosa, no podía quedarme quieta porque tenía mucho miedo de que me descubriera. Fui al baño con frecuencia y lloré durante toda la cena, fingiendo náuseas y dolor. De camino a casa, me dijo que podía irme, pero si volvía a la ciudad, tendría que encontrarlo.

Salí de su casa rápidamente al día siguiente. Le prometí a Dios que formaría a mis hijos en el temor y admonición del Señor si mi bebé nacía bien. Ella era perfecta, y yo cumplí mi promesa. La gente que me conoce hoy, no puede comprender como pude haber vivido una vida así. Y yo les explico: Salvar a mi bebé me salvó la vida.



BIO: Darlene Pawlik está casada desde hace 24 años y es madre de cinco hijos. Es también autora, enfermera, pertenece al  Fondo para la Educación de New Hampshire Derecho a la Vida, es miembro del Consejo Ejecutivo de la Alianza Personhood, Vicepresidente de Save The 1 (Salvar El 1) y oradora y bloggera pro-vida para Save The 1.

Saturday, April 8, 2017

Tenía 14 años y había ido a hacer un trabajo con unos compañeros de clase. Ellos me golpearon y violaron.

Por Anahi Retsar, Argentina.

Pasaron unas semanas y me di cuenta de que había quedado embarazada. Entonces pensé que por algo había pasado por aquel horrendo acto de violación y entendí que de un hecho abominable también  puede salir algo realmente hermoso como un hijo.

Anahi con sus hijos y un sobrino. 
Catrial es el muchacho de la camiseta roja.

Mis papás no lo tomaron mal pero me dijeron que era mi hijo y que de él me tenía que responsabilizar yo aunque me ayudarían a cuidar de él. Fue para mí un gran alivio. De la violación no me había quedado trauma porque sólo había sido un momento. Entonces, me sentí feliz porque vi como del acto vil salía algo realmente hermoso.

Catrial y su abuela, la madre de Anahi.

Nunca se me hubiera pasado por la cabeza matar a ese niño porque ser violada y ser una asesina y encima echarle la culpa a alguien que no la tiene, son cosas diferentes. El hijo no tiene la culpa de la mala acción de su progenitor y no tiene que pagar por su crimen.

Por suerte, cuando nació mi hijo, conseguí trabajo rápido. Tenía que hacerlo para poder mantenerlo  porque soy de una familia humilde. 

Ahora tengo 29 años,  estoy casada y tengo en total cuatro hijos, dos de ellos adoptados y otro bebé en trámites de adopción, también.  La verdad es que he descubierto  que todo lo malo que pasa tiene su parte buena.

 Anahi con la bebé que quieren adoptar ella y su marido.

A mi hijo concebido tras la violación que se llama Catrial,  le dije a los 12 años que el papá que vivía con él  no era su papá biológico y que había sido concebido en una violación y me respondió  que lo único que le importa es que yo siempre lo amé y cuidé y que considera que su único papá es Martín (es mi marido) porque él fue quien siempre lo amó y lo cuidó y que no le importaba como había sido concebido lo único que le importaba es que nosotros lo amamos. La felicidad que te dan esas palabras no se puede igualar.


Si tuviese que aconsejar a una muchacha que estuviese en mi misma situación, le diría que no mate a su hijo porque es la única persona que la va a amar por el simple hecho de que seas su mamá y que no es quien para matarlo. Si no lo quieren, que lo den en adopción pero que no comentan algo mucho peor que una violación que es el asesinato de un niño.

BIO. Anahi contactó con Salvar El 1 (Save The 1) para contarnos su testimonio. Espera que su historia pueda ayudar a muchas mujeres que pasen por una situación semejante. Vive en Buenos Aires, Argentina, está casada y es madre de 4 hijos, dos biológicos y dos adoptados. Ahora está tramitando la adopción de una niña.