Saturday, May 19, 2018

Mi madre fue violada cuando regresaba a casa del trabajo, por Jim Sable



Mi historia llegó en un sobre con letra de la Catholic Charities en noviembre de 2005. Esta institución tramitó mi adopción en 1958 y cuando llegué a la edad adulta, tuve la oportunidad de recibir información básica sobre mi familia biológica. Solicité la información en 1995, pero tardé 10 años en superar la inquietud que rodeaba mi deseo de saber sobre mi familia biológica. Lo pospuse y me convencí de que era lo mejor.

Jim y su familia

La curiosidad persistente se convirtió en una urgencia, por lo que, por fin, completé y presenté la solicitud de información en el otoño de 2005.

La tan ansiada carta llegó silenciosa. Poco sabía, cuando la abrí, la dureza de la información que contenía. En ese día de principios de noviembre, cuando leí la carta, mi vida se detuvo abruptamente. Había información que no esperaba. Mi madre fue violada. Ella había declarado que el ataque ocurrió mientras caminaba a casa desde el trabajo. Así es como fui concebido.

Las noticias no fueron fáciles de aceptar y, realmente, me bloquearon. Durante dos años, sólo un terapeuta y mi esposa, Wendy, conocían la historia. Poco a poco, ya a fines de 2007, fui superando esos sentimientos y comencé a ver la posibilidad de compartir mi historia.
Ahora me doy cuenta del regalo que me han otorgado, no sólo el regalo de la vida, sino el don de tener esta historia única y la perspectiva que me brinda sobre la importancia de toda vida concebida.

Mi historia, como muchas otras parecidas, tienen el poder de cambiar las mentes, llegar a los corazones y ampliar el horizonte de aquellos que se limitan a conceptos abstractos y vagos sobre la concepción de un hijo en una violación.

El sector pro aborto defiende que todas las vidas no deseadas son prescindibles, y el aborto está justificado, incluso recomendado. Las concepciones de violación e incesto crean vidas que se definen como "no deseadas". En su lista de vidas no deseadas, somos el Anexo 1. Todos sabemos la verdad. No hay vidas no deseadas y hay millones de brazos abiertos esperando para abrazar a todas y cada una de las vidas abandonadas.

La adopción me hizo pro vida desde el momento en que supe sobre el aborto. Yo era estudiante de primer año en la escuela secundaria cuando se decidió sobre Roe v. Wade. El aborto, como cuestión social, estaba ganando cada vez más importancia a principios de los años 70, por lo que probablemente fue durante ese tiempo cuando establecí mi identidad como sobreviviente del aborto. No me refiero, literalmente, a la supervivencia del procedimiento que intenta quitar la vida antes de nacer. Sabemos que hay quienes realmente sobrevivieron a un aborto: las vidas milagrosas.

Mi supervivencia se debió a la decisión de mi madre unida al clima cultural de la década de 1950 y también a que la sociedad me protegió a través de la ley. No pasó mucho tiempo después de que el aborto se legalizara a nivel nacional y, entonces, comencé a escuchar comentarios que justificaban el asesinato. La gente decía: "Estas madres solteras no deberían traer a estos niños al mundo. . .". Comentarios dolorosos de escuchar, por supuesto, pero luego tuve la oportunidad de contradecirlos con: "Mi madre era soltera, y creo que estoy mucho mejor aquí que en un cubo de basura". Fue entonces cuando me di cuenta de que mi nacimiento se debió, al menos parcialmente, a varias cosas.

Por haber sido concebido en una violación, hay muchas personas hoy que piensan que debería haber sido asesinado. Nuestras vidas se utilizan repetidamente como moneda de cambio en el debate sobre el aborto y se las puede llamar "excepciones" en las leyes antiaborto.

Mi madre tenía 36 años cuando nací, probablemente un poco mayor que la edad promedio de concepción por violación. Mi vida como hijo adoptivo fue excelente, pero tenía muchos de los altibajos habituales de la vida familiar. Dios me proporcionó unos padres que no podían tener hijos y nací de una madre que sentía que no podía criarme. Mi mamá y mi papá fueron tremendos ejemplos de la gracia y el amor de Dios.

Sin embargo, anhelé algunas respuestas para ayudarme a lidiar con parte de la soledad y los sentimientos de rechazo que fueron producto del sistema de adopción antiguo, secreto y confidencial. En la carta de Catholic Charities estaban los papeles de mi adopción e información suficiente para comenzar la búsqueda de mi madre biológica y así lo hice. Un amigo cercano que investiga sobre genealogía me ayudó.

Encontramos a mi madre biológica hace pocos años, algo tarde, sin embargo. Eleanor, mi madre, murió en 2007. Sin embargo, pude aprender mucho sobre ella porque también encontré y me reencontré con su hermana.

Mi tía describe a Eleanor como una mujer un poco reservada y tranquila, muy devota. Desafortunadamente, mi tía no pudo confirmar o negar la historia de Catholic Charities. No hubo denuncia policial. La violación fue un secreto. El bebé dentro de ella era un secreto. Parecía mínimamente embarazada, incluso cerca del final de la gestación. Ella llamó a su embarazo un "tumor". Eleanor no le reveló a nadie su embarazo hasta aproximadamente dos semanas antes de que naciera, cuatro a cinco semanas prematuro. De hecho, nací el día en que Eleanor fue admitida en el refugio de madres y bebés de Catholic Charities en Chicago.

Después de nacer me entregó en adopción y nunca volvieron a hablar de mí. Su familia sabía que no debía preguntar sobre el embarazo ni el parto ni referirse a él. El tema estaba tapado, era tabú. A medida que pasaban los años, la historia nunca se recordó.

El recuerdo de sus palabras, su silencio y sus acciones, es indicativa de un trauma profundo y agudo. Sabemos por experiencia las salidas a un trauma: huir o congelarse y aparentemente Eleanor se congeló.

Mi madre firmó mi adopción cinco meses después de mi nacimiento y se casó nueve meses después. Se casó con un veterano de dos guerras que la protegió y se convirtió en su guerrera. Mis primos biológicos dicen que trató a Eleanor como a una princesa. Él le proporcionó seguridad, la defendió y desvió algunas de las preguntas naturales que la familia hacía. Ella no tuvo más hijos.

Mis primos hacen especulaciones sobre un novio secreto que podría ser mi padre porque no aceptan completamente la historia del ataque. ¿Pero por qué una mujer de 36 años con dos hermanas casadas debe mantener en secreto a su novio? Si mi padre era alguien a quien Eleanor amaba, ¿Por qué no se casaron?

Jim ofreciendo su testimonio de vida

Muchos indicios indican que mi padre probablemente era alguien que Eleanor conocía, y seguramente también tenía una posición de poder sobre ella, un jefe o compañero de trabajo de nivel superior que la forzó a tener sexo, la rechazó cuando quedó embarazada, la obligó a mantener el secreto y lo más probable es que presionó para la adopción. Lo que es evidente es que mi madre no era una cazadora de hombres, no estaba dispuesta a cometer un adulterio y no estaba buscando ascender en la escala corporativa a través de los favores sexuales.

El agravante del trauma fue la humillación causada por el padre de Eleanor al imponer su voluntad sobre su hija de 36 años al sacarla de la familia y forzar la adopción.

De lo que no cabe duda es que, en un callejón o calle oscura, o en el fondo de una sala de correspondencia o en la reclusión de una oficina cerrada, Dios me dio vida en ese momento y, a través de las noticias de la violación, me la ha vuelto a dar ahora.

Estos últimos años he experimentado qué es saberse concebido a través de una violación. Aunque he conocido el fondo de ese pozo estigmatizado, ahora siento el poder del regalo que me han dado.
En una marcha por la vida
Conocer a Rebecca y al grupo de Salvar el 1 puso fin a la sensación de ser el único en el planeta con esta historia. La euforia de hablar y defender la vida, de intentar corresponder al sistema que me salvó, la emoción de ser parte de este grupo especial y conocer a mis héroes, ha sido la fuerza curativa en mi vida. A través de ellos, Dios me ha tocado con Su amor y mi fe ha sido reforzada. Mi viaje continúa, guiado por su gracia.

Cada vida importa.

Gracias.

Biografía: Jim, Vive en Illinois. Está casado y es padre de cuatro hijos, uno de ellos adoptado. Está disponible para hablar en jandninc2@sbcglobal.net



Saturday, May 12, 2018

No soy una excepción... Soy una persona, como cualquier otro ser humano antes de nacer, por Mary Rathke




Debido a las circunstancias concretas de mi concepción un gran número de personas nos han condenado a muerte a mí y a todos aquellos concebidos de la misma manera. Nos llaman "semilla del diablo", dicen que no podemos contribuir a nuestra sociedad, que somos incapaces de brindar alegría a nuestras madres.

Abandonados, lamentablemente, incluso por algunos individuos y organizaciones que dicen ser "pro-vida". ¡Qué triste que tantos que pretenden defender la causa del nonato, me consideren "una excepción"! Pero yo NO soy una excepción... Soy una persona, como cualquier otro ser humano antes de nacer.

Estoy aquí hoy, porque mi madre, a pesar de que estaba mentalmente enferma y fue violada en su camino de vuelta a casa desde el trabajo una noche, decidió que mi vida tenía valor, que independientemente de cómo fui concebida, era valiosa y valía la pena protegerme. Estoy lejos de ser una "semilla del diablo". Soy una hermosa mujer, voluntaria en ayuda a personas sin hogar, esposa, madre y amiga. Sin embargo, como muchas otras minorías en Estados Unidos, soy blanco de odio. Mi grupo (aquellos concebidos por violación) no está protegido por ley como muchos otros grupos minoritarios. En cambio, cada vez que se aprueba una ley con una excepción de violación, se transmite un mensaje claro de que mi vida no tiene ningún valor.

¿Qué pasaría si algunos afirmaran que un grupo racial específico son "semillas del diablo"? ¿No habría indignación? ¿Qué pasa si se propone una ley para limitar los abortos para todos menos el 1% de esas minorías? ¿lo apoyarías? Porque el 99% se salvaría, ¿o serías capaz de ver el prejuicio contra ese 1%?

Para alguien que fue concebida en violación, como yo, esto es un prejuicio. Similar a un crimen de odio, se nos llama "semilla del diablo ". He recibido mensajes de odio que decían que mi madre había tomado la elección incorrecta y que debería haber abortado. Tengo amigos que, debido a que fueron concebidos en violación, fueron rechazados.

Si eres pro derecho a decidir, crees que es una elección de la madre y que cualquier niño puede ser abortado. Sin embargo, si eres pro vida, tienes que tomar una decisión. ¿Eres pro vida "excepto en el caso de Mary Rathke, concebida en violación o el caso de mi amiga Kristi, concebida en incesto?" ¿Puedes mirarme a los ojos y decirme que mi madre debería haber tenido la opción de abortarme legalmente y que no vale la pena defender mi vida?

Los que compiten en una carrera no se conforman con el 99%, quieren terminar la carrera, no entrenan para detenerse a unos metros de la meta, felices de haber llegado tan lejos. Demasiados han desenfocado el panorama general. La NAACP (Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color) no tiene excepciones, no excluye a los que son albinos o tienen vitíligo porque pueden parecer "blancos" para algunos. ¿Por qué la gente pro vida tiene excepciones?

Durante la Segunda Guerra Mundial, los soldados estadounidenses no entraron en los campos de concentración a liberar sólo a los cautivos judíos y luego negaron la liberación a los gitanos. Lucharon por liberarlos a todos. ¡También debemos hacerlo nosotros!

Si luchas por la vida, te imploro, lucha por la mía también.

Biografía: Mary Rathke es una conferenciante pro vida y vive en Michigan, Estados Unidos


Saturday, May 5, 2018

La historia de dos madres que quedaron embarazadas tras una violación, por Nicole W. Cooley



“Llega, aunque sea sólo a uno, Señor…”.


Nicole y Morgan

Mi oración, repetida desde que conté mi historia por primera vez hace casi veinte años, ha sido la misma; para que el Señor, de alguna manera, use mi vergüenza y arrepentimiento para ayudar a alguien más. Él siempre responde. La primera vez que compartí mi testimonio públicamente, una mujer se me acercó y me dijo: "Gracias por compartirlo. Mi madre me obligó a abortar cuando tenía dieciséis años. Siempre pensé que estaba mal. Tú eres la primera persona que me confirma lo que siempre he sabido". Pero mi respuesta favorita a esa simple oración yace en la historia que estoy a punto de contar.
Primero, déjenme que les cuente mi propia historia. Crecí en un hogar cristiano. Siendo adolescente recuerdo que mi padre me decía: “el aborto está mal. Soy pro vida excepto en casos de violación y también en los casos en los que esté en peligro la vida de la madre”. Al igual que otros consejos que me había dado, éste también lo hice propio.
Poco tiempo después, mi maestra de Biología pidió a la clase que escribiera un plan estratégico para afrontar un embarazo no planificado y me negué: "Si alguna vez me embarazo no se tratará de un embarazo no planificado. La abstinencia funciona el 100% de las veces". Nunca pensé a los 15 años que, pocos años después, mi "plan" sería probado y aprendería por las malas que este "plan" no me preparó para la realidad. . .
Le conocí en un avión de regreso a casa por Navidad. Se ofreció bajar mi equipaje del compartimento superior y luego se negó a darme mi maleta. Mientras lo seguía fuera del avión, todavía pidiéndole la maleta, me dijo: "Me gustaría llevarlo un rato más, si no te importa. ¿Te gustaría tomar algo para beber?" Sorprendentemente, decidí que él me gustaba y acepté darle mi número de teléfono.

Cuando me llamó un par de semanas más tarde, lo invité a la iglesia en lugar de ir a tomar algo. A su vez, él me invitó a ir a su iglesia, también. Emocionada de que también fuera "cristiano", acepté encantada. Cuando le dije: "Quiero llegar virgen al matrimonio así que, si lo que buscas es sexo debemos terminar la relación ahora", él me aseguró que estaba de acuerdo. Pero mintió.
Ahora estoy convencida de que estaba enganchado a la pornografía. No puedo explicar racionalmente su comportamiento de otra manera. De hecho, una adicción a la pornografía descontrolada, siempre llevará a querer hacer lo que uno lee y mira. Con el tiempo, la conciencia queda cauterizada y, al igual que un adicto a la cocaína, hará cualquier cosa para obtener su "droga". Para él, yo sería su “droga”, aceptara o no.

Cuando sus intentos iniciales de llevarme a la cama resultaron inútiles, recurrió a la droga para conseguir su propósito.

Una noche tuve un sueño horrible. En mi sueño, había regresado a mi antiguo campus universitario, sólo que ahora me encontraba en las últimas etapas de un embarazo. Bien entrada la noche, fui de dormitorio en dormitorio, buscando un lugar para dormir. Desesperadamente cansada, todos me rechazaron. Finalmente, mi ex novio me dejó entrar, pero me dijo que tendría que usar la litera superior. Con dificultad, trepé y luego caí en un sueño profundo.

A la mañana siguiente, me desperté y le conté el sueño a mi “novio”. Sus ojos se pusieron tan grandes como platos. En ese momento, todavía no lo sabía. Pero luego fui al baño y algo inusual cayó de mi cuerpo. Además, sentía un creciente de dolor y sabía que algo andaba mal. Salí corriendo y grité: "¡Tengo que ir a la sala de emergencias!" Él me convenció de que nada había sucedido, pero dos semanas después, supe la verdad.
La negación tiene un efecto sedante. A las personas que nunca les ha ocurrido les gusta decir: "¡Nunca permitiría que abusaran de mí así!" Cuando tienes el papel protagonista en tu horrible “reality show” televisivo, simplemente no parece posible. De hecho, tu mente te ayuda a creer que no está sucediendo para preservar tu cordura. No podía creer que mi novio, el hombre a quien había dado mi corazón, me violara. Entonces, le creí a él. . . hasta dos semanas después, cuando dos pruebas positivas de embarazo me obligaron a hacer frente a una realidad para la que no estaba preparada.

 En los días y semanas posteriores a darme cuenta de que me habían violado, estuve aturdida. De ordinario, mi agenda diaria para el trabajo tenía muy poco "espacio en blanco" debido a todas mis notas. Las páginas casi en blanco después de la violación reflejaban mi estado mental distraído y parecido a un zombi. Simplemente, me dejaba llevar.

Al mismo tiempo, los estándares sociales exigían que tomara una decisión de vida o muerte para otro ser humano. Simplemente, no podía. Entonces, me apoyé en aquellos en quienes más confiaba: mi familia, mi mejor amiga y mi iglesia.
Siempre le digo a la gente que si tiene ocasión de que le pidan su opinión en el caso de un embarazo no planificado, intenten dar una respuesta real. Decirle a alguien en crisis: "Lo que sea que quieras hacer, te apoyaré" no es de ninguna ayuda. Ella está pidiendo un consejo definitivo. Ella necesita escuchar: "Sé que esto te hace sentir mal y no eres capaz de ver cómo vas a superarlo, pero lo harás. Voy a acompañarte en cada paso. Lo lograrás. Eres fuerte. Puedes hacerlo. Sé que nueve meses parecen una eternidad, pero en realidad no es así. No tomes una decisión hoy de la que te arrepentirás el resto de tu vida. Elige la vida. Es la mejor opción para los dos”.

Desgraciadamente, el único consejo específico provino de mi pastor. Ella me dijo: "Permite que te tranquilice. A los ojos de la iglesia, cualquier decisión, considerada en la oración, está bien. En tu caso, creo que debes abortar. Debes dejar esto atrás ".
Entonces, me habló de sus dos hijas que también se enfrentaron a embarazos no planeados. Una eligió la adopción, la otra el aborto, y ambos fueron decisiones igualmente buenas, dijo. Agregó despectivamente: "Hay una pareja en la iglesia que quiere adoptar, pero, no, no debes hablar con ellos. Debes abortar".
Recuerdo que mi corazón me decía: "¿Hay algo en los Salmos sobre esto?". Mi corazón comenzó a romperse cuando la puerta se cerró lentamente. Sentí que no tenía otra opción. Estaba convencida de que nadie adoptaría a mi bebé porque tenía un 50% de probabilidades de portar el gen de la neurofibromatosis (una horrible enfermedad que mi papá sufrió la mayor parte de su vida adulta). Empecé a prepararme para el aborto. Me sentí como un cordero llevado a su muerte en el interior. No creía que pudiera elegir.

Después del aborto, supe que hay algo peor que ser violada. Experimenté el aborto como si hubiera sido violada de nuevo, sólo que peor, porque esta vez, había consentido el asalto. En ambos casos, los hombres me agredieron físicamente. El segundo trauma, el aborto, me afectó emocionalmente y me colocó al borde del abismo.
Pasaron cuatro años para recorrer el lento camino de sanación en Cristo. Si no hubiera sido por el maravilloso marido que Dios me envió, no sé cómo estaría aquí hoy. Él me dijo desde el principio: "Te amo, pero lo que hiciste estuvo mal". Esa grieta en mi corazón me ayudó años más tarde, después del nacimiento de nuestro primer hijo, John, para finalmente ver la verdad. Rompió mi corazón. Pero, necesitaba romperse… para que Dios pudiera volver a recomponerlo.

Nicole, Rebecca Kiessling y otra activista pro vida

Hace unos años, tuvo lugar un "encuentro divino", cuando hablé en mi iglesia. Los horarios para hablar se reprogramaron varias veces durante muchos meses hasta un domingo de noviembre en el que, finalmente, compartí mi testimonio en nuestra iglesia. Ahora trabajo con el Centro de Reforma Bioética, compartiendo imágenes de víctimas de aborto principalmente en campus universitarios en Virginia y el sureste. Ese día, empecé mi charla diciendo que mis palabras no tenían la intención de condenar a nadie, y que no creyeran al Enemigo si se sentían de esa manera.
Como mujer que ha abortado, entendía demasiado bien esa culpabilidad fuera de lugar. Expliqué el razonamiento detrás de nuestro trabajo, citando el trabajo de reformadores sociales históricos exitosos como William Wilberforce, Lewis Hine y el Dr. Martin Luther King, Jr. Y mostré imágenes de abortos en el primer trimestre: bebés pequeños, con extremidades y apéndices arrancados de sus pequeños cuerpos. Es devastador verlo por primera vez. No tenía idea de que, entre la audiencia, había ese día una víctima de violación embarazada.
Morgan me dijo dos meses después que ella había estado allí. Sentada entre la audiencia, era un domingo raro para ella. Me dijo: "Tú estabas allí para mí".

La noche en que la violaron, se había escabullido de su casa para pasar el rato con sus amigos. Violada por una pandilla de vuelta a casa, escondió sus ropas destrozadas, y no le contó a nadie lo que había sucedido, salvo a unas pocas amigas íntimas. Cuando descubrió que estaba embarazada, sus amigas del instituto acordaron que abortara el sábado siguiente. Les había dicho a sus padres que tenía un evento deportivo en Washington D.C. para que no sospecharan nada. Pero, entonces, en la iglesia, escuchó mi testimonio y vio las imágenes, y supo que no podía hacerlo.

Morgan tuvo el coraje de contarle a sus padres lo que había sucedido, a pesar de sentirse avergonzada de haberse escapado de la casa y de haber planeado un aborto. Se unieron a ella y la apoyaron en la elección de la adopción de su bebé. Durante su embarazo, pude conectarla con Save The 1 y se unió a su Facebook privado para madres biológicas por violación, para que no tuviera que afrontar esto sola. Una familia de la iglesia la puso en contacto con la familia ideal para su bebé. Meses más tarde dio a luz y llamó Justice al niño.

El dolor de abortar a mi hijo Matthew es el mayor remordimiento de mi vida. Me destrozó. El aborto obliga a una madre a volverse contra su propia carne y sangre. Es autodestructivo como ningún otro trauma: las cicatrices son profundas. La violación también es traumática, sin dudas. Pero complicar el trauma de la violación con el segundo trauma del aborto está contraindicado. El aborto daña a las víctimas de violación; nunca les ayuda. La mejor opción para la madre que ha concebido en una violación es continuar el embarazo, rodeada de familiares y amigos con el apoyo de un centro de recursos para el embarazo.

“A los que aman a Dios y actúan según su mandato, Él les promete que todas las cosas que ocurran serán para su bien”. (Romanos 8:28). Para mí, la historia de Morgan es una prueba de su promesa. Mi bebé murió y rompió mi corazón de madre. Pero Dios se sirvió de mi dolor y mi sufrimiento para impulsarme al ministerio en nombre de los que están por nacer. Gracias a que estoy dispuesta a compartir mi doloroso testimonio de la muerte de mi hijo, Justice está vivo, y su madre vive sin el arrepentimiento del aborto. De hecho, cuando salvas a un bebé concebido en violación o con una anomalía fetal, realmente salvas a dos: madre e hijo. Nos llamamos a nosotros mismos "Salvar el 1", pero cuando salvas al hijo, también salvas a la madre; salvamos a ambos.



BIO: Nicole Cooley es una activista pro vida, colaboradora del Centre for Bioethical Reform. Vive en Virginia (Estados Unidos) con su marido y sus cuatro hijos. Es bloguera de Salvar El 1

Saturday, April 28, 2018

No me importaba su padre o la forma como fue concebido, era mi niño amado, la mejor parte de mí, por Erika


Me llamo Erika, tengo 25 años y vivo en Colombia.

Fui criada en el campo, en una familia católica y con muy buenos principios. Hasta los 19 años nunca había tenido un novio.

Ya en la Universidad, empecé a salir con un muchacho que era mi tutor de Matemáticas. Comenzamos a conocernos y quedamos para salir dos veces, pero enseguida me quise alejar de él.

Cuando le dije que no quería seguir con esa relación por más tiempo, él me pidió que fuera a recoger un trabajo que tenía pendiente de entregarme. Quedamos en que me lo daría en una estación de Transmilenio. Cuando llegué a la estación lo llamé y me dijo que no podía ir, que tenía que estar en su casa por el trabajo. Como de verdad lo necesitaba, fui hasta su casa sin pensar en lo que me podía pasar.

Cuando llegué a la casa me ofreció un café mientras él traía el trabajo. Yo no noté su malicia y nunca pensé que fuese capaz de algo tan ruin. En el café había algún tipo de droga, no recuerdo muy bien todo lo que pasó a partir de ese momento. Tengo recuerdos borrosos... lo último que recuerdo con claridad es que, cuando desperté, estaba en la misma casa, en la misma silla donde me había tomado el café vestida y con mis cosas. Pero tenía quemaduras de cigarrillo en mis manos y cuerpo y golpes muy fuertes…

Yo supe de inmediato lo que había pasado. Al tratar de reaccionar, las piernas no me funcionaban muy bien, pero vi la puerta de la casa y, como pude, salí y empecé a correr hasta llegar a una avenida y busqué transporte.

De alguna manera logré llegar a mi casa, dolorida humillada, me sentía sucia, despreciable, no entendía cómo algo así me podía haber pasado a mí. No podía parar de llorar y por mucho que me bañara seguía sintiendo asco de mi misma.

Al siguiente día este sujeto me llamó de nuevo como si nada hubiera pasado. Cuando lo escuché, le grité que yo sabía qué me había hecho y que lo iba a demandar… Se rio y me dijo que si yo se lo contaba a alguien iba a buscar a mi hermana que era una niña y le iba a hacer lo mismo.

Por ignorancia y miedo callé y le oculté a mi familia lo que había ocurrido. Caí en una depresión terrible, no quería vivir, me sentía miserable.

Casi 5 meses después de eso, por circunstancias, tuve que hacerme unas pruebas de sangre y la enfermera me avisó de que estaba en embarazo.

Durante este tiempo había tenido mis periodos regulares, por eso nunca pensé en un embarazo… Ahí sentí que mi mundo se caía a pedazos. ¿Cómo me podía pasar esto? La depresión fue peor, mis papás empezaron a preocuparse, yo reaccionaba de manera agresiva y distante…

Empecé a buscar clínicas donde me practicaran un aborto, ya tenía un contacto, sólo me faltaba el dinero, ya me habían dicho las complicaciones que tendría por mi estado tan avanzado, pero estaba segura de que eso era lo que quería hacer.

Días después, con mi familia visitamos un santuario mariano. Yo estaba muy alejada de Dios para ese entonces, lo culpaba de lo que me había pasado, pero por alguna razón decidí entrar a la iglesia y sentí que debía pedirle a la Virgen por mí, así que lo hice, puse mi suerte en sus manos.

Días después ya segura de lo que iba a hacer estaba en la clínica y en el chequeo de rutina antes de hacerme el procedimiento una enfermera enviada por Dios puso el foneidoscopio en mis oídos.

Ahí cambió todo.  Al escuchar los latidos del corazón de mi hijo, supe que era un ser vivo que él tampoco tenía la culpa, que era una víctima también, el más inocente y yo lo quería matar.

El acabar con esa vida no me haría mejor persona ni borraría de mi vida esa terrible experiencia. De inmediato me levanté y le dije a la enfermera que cancelaran todo que yo ya no iba a abortar.

Mis papás se enteraron de igual forma. Todo pasó muy rápido. Al principio no me creían, fue terrible para ellos, pero Dios permitió que las cosas se fueran dando.

Pensé en la adopción, pero, poco a poco, antes de nacer el niño ya todos estábamos muy ilusionados, lo esperábamos con mucho amor.

La vida me cambió cuando ese día, por fin, lo pude ver a los ojos… ver su inocencia, su ternura, su fragilidad… y yo era lo único que él tenía en el mundo. No se puede describir con palabras todo lo que sentí cuando tomó mi dedo con su manita y me miró. Ese momento quedó tatuado en mi alma para toda la vida. Ahí supe que por ese niño daría mi vida, lucharía, saldría adelante y lo protegería como una mamá leona porque era mi hijo.  No me importaba su padre o la forma como fue concebido, era mi niño amado, la mejor parte de mí.

Han pasado 6 años y les puedo decir que, aunque el proceso para superar lo ocurrido ha sido difícil y doloroso, la única razón por la que me levanto y he salido de la depresión es mi hijo, mi regalo del cielo. Él, de verdad, me hace feliz. No hay día que no agradezca a Dios el haberlo mandarlo a mi vida y con sólo una sonrisa suya hace que todo haya valido la pena, Y sí, soy FELIZ mi hijo me hace feliz.

Doy gracias especialmente a una gran amiga, Gloria, y a un querido sacerdote, el padre Víctor Hugo, que me han dado la mano y me han ayudado a salir de la depresión guiándome por el camino de Dios.

Si tú estás pasando por la misma situación espero que mi testimonio te ayude. Aunque se vea una solución “fácil”, el aborto no lo es y esa personita no tiene la culpa de nada. Matarlo a él no te hace mejor persona que quien te hizo tanto daño.


Dios te guarde y bendiga tu vientre y esa nueva vida que viene en camino.
Si quieres hablar o alguien que te escuche puedes escribirme:

Nota del Editor: Erika nos escribió este testimonio para compartirlo en nuestro blog. No quiso aportar fotografías porque no quiere que su hijo se entere de este modo cómo fue su concepción.

Sunday, April 22, 2018

Aunque concebida en una violación, mi hija merecía una oportunidad de vivir, por Heather Hobbs




Mi vida no es perfecta. A menudo me preguntan cómo logro tener una vida “perfecta”. Lo que aún me molesta son comentarios como "¡Guau! ¡Eres tan fuerte!" O, "¡Tu vida es tan perfecta ahora!" Estas declaraciones todavía me lastiman. Si todos pudiéramos ver detrás de las circunstancias de otra persona... Ojalá hubiera una manera más fácil de compartir lo que siento; ojalá que, simplemente, con apoyar una mano en mi hombro la gente pudiera tener instantáneamente un destello de mis vivencias y sentimientos. El mundo sería mucho mejor si conociéramos el dolor y el sufrimiento de los demás con facilidad. Podríamos empatizar mucho más de lo que nos imaginamos. Pero en lugar de eso, estoy escribiendo esto aquí y ahora, permitiendo que las emociones más profundas y dolorosas salgan a la superficie.


Tengo una hija increíble. Ella es perfecta y hermosa en CUALQUIER forma posible; por dentro y por fuera, ni siquiera puedo expresar el nivel de bondad y amor que ella posee. Vino a mí de la manera menos que ideal, una forma que muchos considerarían errónea. He pasado por una cantidad considerable de traumas en mi vida y eso me llevó a tomar muy malas decisiones cuando era adolescente. Esto incluyó la persona con la que me juntaba.

Cuando tenía 18 años, deseaba encarecidamente escapar de la vida que tenía. Aunque amo profundamente a mis padres y he perdonado todas las cosas que sucedieron, a la edad de 18 años, los odiaba y les guardaba mucho rencor. No fui lo suficientemente madura como para valorar su propia educación y lo que fueron sus vidas mientras nos criaban. Mi madre creció de forma comparable al libro, “A Child Called “It”” (Libro autobiográfico de Dave Pelzer víctima de brutales ataques e inanición por parte de su madre alcohólica).  Huyó a los diecisiete años del tutelar de menores. Mi padrastro fue obligado por sus padres a abandonar la secundaria para vender cocaína. Él también fue fuertemente maltratado y atormentado cuando era niño. No conocían la forma correcta de ser padres. Entonces, cuando yo era adolescente, sólo sentía resentimiento y odio por ellos.

Terminé casándome con un hombre que apenas conocía, cinco años mayor que yo. Ahora me doy cuenta que estaba tratando de escapar de mi vida. Este hombre se había alistado recientemente en el ejército de los Estados Unidos; de ahí la necesidad del matrimonio, porque éste era un requisito para poder irme con él a Alemania, o al menos eso fue lo que dijo. Casarse no parecía "la gran cosa".

Para narrar esta historia con brevedad, diré que pocas semanas después de llegar a Alemania, sufrí el abuso más brutal que he sufrido. La violencia era normal en el mundo que conocía, pero sabía que no era correcto este nivel extremo.

Estábamos aproximadamente a 50 minutos de la base militar en un pequeño pueblo llamado Arnstein. Uno de los vecinos escuchó mis gritos y llamó al polizei (policía alemana) y cuando llegaron, él ya se había ido. Por la cantidad de sangre que perdí terminé en una ambulancia y con pruebas exhaustivas en el hospital. Esto sucedió poco antes de Acción de Gracias, 2007.

La policía militar le dió un manazo, trabajos extra y confinamiento en la base. La policía alemana no pudo intervenir. Los militares se negaron a concederme el regreso temprano a dependientes para devolverme a los Estados Unidos. Además, estaba completamente aislada, dado que no tenía acceso a teléfono, Internet ni a la cuenta bancaria, y estaba sumergida en una cultura y un idioma del que no conocía en absoluto.

A los 18 años por supuesto, era ingenua, y estaba confundida, me sentía la persona más indefensa del planeta. Dejaré muchos detalles intencionalmente porque voy a pasar por alto el período de depresión y ansiedad que siguió y saltar al Día de San Valentín, 2008. Mucho sucedió mientras tanto, pero no es relevante ahora para el propósito que tengo al compartir esta historia.

Sin previo aviso ni notificación de ningún tipo, a mi abusador se le permitió "darme una sorpresa" para el Día de San Valentín. Apareció y me violó violentamente varias veces. Una vez más, se involucró la policía militar, requerí hospitalización, pero la situación no mejoró en absoluto, sólo otro manazo. Todos los soldados que trataron de ayudarme fueron amonestados y obligados a no intervenir a riesgo de su propio castigo.


En lugar de ayudarme, me aconsejaron que asistiera a consejería matrimonial. Me dijeron "no puedes ser violada si estás casada legalmente". Me hicieron sentir como la mala en esa situación. Me dijeron que no estaba apoyando a mi soldado, que no entendía las tensiones por las que pasan los militares. Él nunca había estado en combate hasta entonces, por lo que estas declaraciones me parecían completamente fuera de lugar.

Llegué al punto de querer quitarme la vida. No sabía que estaba sufriendo un trastorno de estrés postraumático severo. No sabía cómo salir de Alemania, y si lograba escapar e irme, no tenía a dónde ir. Hice algunos amigos, aprendí algo del idioma, pero nada que me diera una razón real para querer seguir viviendo. Me culpaba a mí misma por todo y me permití creer que todo era culpa mía. Si no lo hubiera hecho enojar, si no me hubiera casado con él, si no hubiera salido de Nebraska, si no hubiera creído todas sus mentiras, si fuera más inteligente o más fuerte... Todos estos reproches me pasaban por la cabeza una y otra vez.

Mientras planificaba mi muerte, porque no quería fallar en eso también, tuve los peores síntomas de influenza de mi vida, que duraron más de un mes. Supuse que el estrés estaba debilitando mi sistema inmunológico tan fuertemente que, simplemente, no podía recuperarme. Finalmente fui al hospital y llegar fue toda una aventura por decir lo menos, confiando en el transporte público para llegar a la ciudad sin saber nada. Afortunadamente, los alemanes son personas encantadoras y muy solidarias a pesar de que no sabían lo que estaba diciendo. Le dije al conductor del autobús, "Krankenhaus" (hospital), y con eso bastó para recibir su ayuda. Otras personas en el autobús también me atendieron: ofreciéndome agua, una bolsa para las náuseas, hasta una señora me frotaba la cabeza y me cantaba en voz baja. Fue la sensación más maravillosa del mundo el recibir una pequeña cantidad de amor después de tantos meses y meses sin recibir ninguno.

Al llegar al hospital, descubrí que estaba embarazada. Tenía Hiperemesis Gravídica, que es una versión extrema y debilitante de las náuseas matutinas. Aunque mi embarazo estaba mucho más avanzado que la mayoría cuando me enteré, los médicos no conocían mi situación de abuso de las hospitalizaciones previas. El médico me hizo saber con cariño y ternura que yo podía realizarme un aborto, y me aseguró que podría medicarme en exceso durante los días siguientes para aliviar el dolor.

El mundo se cerraba ante mis ojos. Las noticias parecían surrealistas y casi como una experiencia fuera del cuerpo. Puedo revivir ese momento como si fuera ayer porque me impactó mucho. No crecí en un hogar pro-vida ni en un entorno que condenara el aborto. Muchas amigas de la preparatoria habían abortado o tomaban las píldoras del día siguiente regularmente. Tuve una amiga que viajó internacionalmente y después vendió las pastillas del día siguiente en la escuela. No debería haber sido un gran problema para mí hacerlo en ese mismo momento. Pero simplemente, decidí pensarlo, luego recibí líquidos y nutrición por vía intravenosa y me fui a casa.


Finalmente, mi violador-abusador descubrió que estaba embarazada. Volvió a donde yo residía, nuevamente sin anunciarse, con el pretexto de celebrar la noticia del bebé, y procedió a tratar de eliminar a golpes la evidencia de su violación. El tiempo de embarazo coincidía perfectamente con mi "presunta" violación. Él había negado todo, incluso cualquier encuentro sexual y este embarazo solo revelaría la verdad. Mientras me ahogaba en el suelo, miré hacia el techo perdiendo el conocimiento; y esa fue la primera vez que sentí a mi bebé patear antes de desmayarme.

Cuando desperté mi violador-abusador se había ido. Me sentí mareada y confundida. De repente, recordé la patada. Lloré durante horas, no llorando por lo que él me había hecho, sino lloraba al darme cuenta de que simplemente no podía matar a este niño. No tenía sentido quedarme con el bebé en mis circunstancias. No tenía sentido. Sin embargo, no tenía forma de decidirme a abortar.

 Hago este largo, pero extremadamente acortado resumen de cómo nació mi hija para llegar a dónde me encuentro ahora. No escondo mi vida. Intento ser sincera y honesta sobre todo lo que he vivido para que, quizás en algún lugar, alguien lea mi historia y vea la luz al final del túnel. 

Pero, no tengo una vida perfecta. Han pasado diez años y no lo he superado del todo. No estoy cerca de ser perfecta y no me gusta la presión que las declaraciones me hacen sentir. Hice lo que toda madre debería hacer: luché por mi hija. No soy un ejemplo perfecto de resistencia y fuerza. Fue duro, me lastimó inmensamente, todavía tengo pequeños momentos de ansiedad y problemas relacionados con el síndrome de estrés postraumático. La experiencia me ha dado tantas cosas buenas, incluida mi hija, pero no, no fue fácil. Cometí muchos errores y continuaré haciéndolo. Pero, estoy muy feliz. Hoy tengo un esposo maravilloso y cuatro hijos increíbles, y mi hija mayor es la mejor hermana mayor del mundo.

¿Qué aprendí?

1. Somos más fuertes de lo que sabemos. No pensé que podría sobrevivir experiencias tan traumáticas, pero sigo haciéndolo. Lo hago productivamente y de manera positiva.

 2. Mi hija es inteligente, hermosa, servicial, compasiva y todo lo que alguien podría desear al tener un hijo. Ella merecía la oportunidad de vivir, ya sea conmigo o con otra familia. Ella tiene mucho que aportar a este mundo y estoy contenta de no haberle negado a ella ni al mundo su presencia.

3. Mi sufrimiento no fue en vano. El propósito de todo lo que soporté no fue destruirme, sino que me ayudó a ser una mejor persona. Tengo la empatía y la compasión que nunca antes había sentido. La intensidad del amor que siento por otras personas ahora es indescriptible.

4. Aprendí a perdonar fácilmente. Perdoné a muchos. La ira y el resentimiento que una vez sentí por varias personas se ha ido. Tener la luz brillante de mi hija me ayudó a recuperarme del trauma y también a perdonar a los que me lastimaron.

5. Mis cargas se aligeraron. Puedo ayudar a otros a aprender a hacer lo mismo lo mejor que pueda. Pasó el mayor tiempo posible ayudando a otras mujeres en situaciones difíciles. Después de abortar o no, las mujeres que han pasado por esto necesitan amor y compasión.

6. El sistema judicial está severamente roto y sólo aquéllos que lo intentan pueden cambiarlo. Las batallas legales que siguieron, así como la falta de asesoramiento y apoyo disponible fue trágico. Veo por qué tantas mujeres se quedan con sus abusadores, o por qué pierden la esperanza y recurren a las drogas o al suicidio. El sistema militar está fracturado y necesita grandes cambios para que las mujeres superen este tipo de situaciones. ¡Las leyes deben cambiar! Los niños concebidos en violación deben estar protegidos legalmente. Todavía hay un puñado de estados que permiten a los violadores retener los derechos como padres incluso después de que se haya comprobado la violación.

7. Estos bebés no solo merecen vivir, sino que también ofrecen la posibilidad de enjuiciar a los violadores y posiblemente dar un bebé para una familia que estaría encantada de adoptar.

Terminaré diciendo que ahora sé mucho más de lo que sabía entonces. Si necesitas ayuda, hay sitios donde ir, pero pueden ser difíciles de encontrar. No te rindas. No permitas que el abusador o violador tome el control de tu vida. ¡Tienes que pelear!    No parece justo y sé que esto es lo más aterrador que jamás harás, pero no te des por vencida ni por ti, ni por tu hijo. La violación siempre estará ahí, pero no te define. No eres una víctima, eres una sobreviviente. Permite que tu hijo sea un sobreviviente también. Permite que ese bebé tenga la oportunidad de vivir y ayude a cambiar el mundo.

 BIO: Heather Hobbs pertenece a la iglesia de Jesucristo de los santos de los últimos días. Está casada y es madre de cuatro hermosos niños que participan activamente en la comunidad con trabajo voluntario y escribiendo para el movimiento provida en el poco tiempo libre que queda. Ella es  bloguera pro vida para Save The 1 .

Sunday, April 15, 2018

Ese bebé se convirtió en mi motivo de vida


Hola, me llamo Sofía, tengo 30 años y soy de Argentina.

Hace 5 años, en una noche de invierno, fui golpeada y violada al salir de mi trabajo. 


Al recuperarme del golpe, unos vecinos de la zona me ayudaron a regresar a casa. Después de las revisiones, nada fue igual. Me sentía muerta en vida, no podía dormir, tenía pesadillas, tenía miedo a salir sola de casa. 

Seis meses después, en una revisión de rutina, descubrieron que estaba embarazada y me dieron la opción de abortar, pero no me parecía correcto terminar con una vida que no tenía la culpa de lo que había ocurrido.

Después de eso, pensé en dar al bebé en adopción, pero cuando hubo nacido y tuve al bebé en mis brazos no lo pude hacer.

Ese bebé se convirtió en mi motivo de vida, en el amor de mi vida y en mi vida.  Mi hijo ahora tiene 4 años y se llama Ian que quiere decir "enviado del cielo". Él es el milagro que Dios me regaló después de una desgracia y mi fortaleza para seguir adelante. Aún estoy en tratamiento para superar lo qué pasó, pero con él mi vida pasó de ser una pesadilla a ser un sueño.

Las cosas no se olvidan, pero se superan poco a poco.

Terminar con una vida no te va sanar la herida de una violación, sino que además se sumará la herida de la muerte de un ser humano en la conciencia. La vida de un ser humano que no tiene la culpa de nada de lo que ha ocurrido ni es responsable del mal actuar de su "padre".

Mi consejo a una muchacha que atraviese una situación similar a la que yo pasé, es que el aborto no es una solución no va a cerrar la herida de la violación, sino que va a abrir una nueva en su mente. Que apuesten por la vida y no se van a arrepentir como no me arrepentí yo.